lunes, 7 de marzo de 2011

Nada bueno nos enseña el despilfarro estadounidense


Por Wu Guangqiang

Para muchos chinos es motivo de entusiasmo la noticia de que su país ha desplazado a Japón como segunda mayor economía del mundo, sentimiento que se codeó con el éxtasis cuando los economistas pronosticaron que China también se pondrá por delante de EEUU en algún tiempo, convirtiéndose en primera economía del orbe.

Muestra de ese proceso de cambio es el cada vez más creciente poder adquisitivo de nuestros compatriotas, entre los cuales
los más acaudalados ya asombran al resto del planeta con sus millonarias cuentas. Por ello no es de extrañar que en el primer mes de 2011 las ventas de automóviles en el país alcanzaran los 1,89 millones de unidades. De mantenerse esa tendencia, al menos 20 millones se venderán en lo que resta del año.

Súmese a este panorama que los turistas chinos viajan por el mundo y se aprovisionan de bienes suntuarios en París, Londres, Milán y Nueva York como si fueran artículos de consumo de primera necesidad.

Mientras, en casa se vive una situación que tiende a complicarse por días. Casi todo es difícil de obtener, y los precios continúan elevándose, desde los alimentos a la gasolina. Los precios de las casas andan por los cielos, desafiando todos los esfuerzos del Gobierno central por refrescar el mercado.

Pero ¿cuántos de nosotros nos hemos detenido a sopesar lo que se avecina? ¿Es que realmente aspiramos a ser tan ricos como los estadounidenses?
Para empezar, si alcanzáramos los niveles actuales de vida de EEUU, necesitaríamos de por lo menos cuatro veces la cantidad de bienes de consumo de que hoy disponen ellos.

Como promedio, cada estadounidense gasta 4 toneladas de gasolina al año, mientras que la cifra en China es de cerca de 0,4 toneladas. Si el consumo per cápita chino de petróleo igualara el de EEUU, China por sí sola consumiría 5.200 millones de toneladas cada año. Y la producción petrolera mundial actual es de apenas 3.700 millones de toneladas, con indicios de ir en picada cada día más.

Así las cosas, a menos que logremos una solución práctica en los próximos años, nuestros coches nuevos terminarán arrinconados, sin posibilidades de usarlos.

Si bien una vida plena y acomodada constituye una aspiración legítima de cualquier sociedad, es preciso que pongamos los pies sobre la tierra porque, en honor a la verdad, el día que China se convierta en un segundo EEUU, el mundo entero tendrá sus días contados.

El autor es profesor particular de inglés y autor independiente en Shenzhen

Fuente: elpuebloenlinea china

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