martes, 8 de marzo de 2011

Quitarse méritos en el currículum abre puertas


ESPAÑA. El recorte de las oportunidades laborales lleva a los parados cualificados a suavizar su perfil para abrir el abanico de opciones - La clave está en la flexibilidad y en saber prepararse

Las universidades españolas sacan cada año a la calle más de 200.000 titulados, la gran mayoría de ellos ávidos por encontrar un trabajo. Pero fuera, el mercado laboral está para pocas bienvenidas. Los más de tres años de crisis y destrucción de empleo han más que triplicado el número de personas cualificadas que están en paro, y dos de cada cinco llevan ya un año en esta situación.

Hay menos oportunidades y más personas que, ante las dificultades para acceder a un empleo, abren el abanico de puestos a
los que se presentan. Para ello, rebajan sus pretensiones e, incluso, hay quien opta por maquillar su currículo para no tener que oír aquello de "está usted demasiado cualificado para el trabajo". Pero quizás esta no sea la solución. Lo cierto es que la situación que se genera es buena para las empresas, que tienen más candidatos entre los que elegir, pero obliga al candidato a reinventarse en cada proceso de selección para adaptarse a ofertas que no siempre coinciden con sus objetivos profesionales y económicos.

En opinión del secretario del Colegio Oficial de Sociólogos y Politólogos de Madrid y experto en el mercado laboral español, Lorenzo Navarrete, el motivo que lleva a los titulados a camuflar su formación aparece tras ser rechazado para puestos intermedios en los que, en principio, tendrían que tener ventaja sobre otros aspirantes menos cualificados. "Al no obtener esa plaza se sienten víctimas", añade antes de explicar que la negativa "les lleva a pensar que su título les está estorbando". Y, si molesta, lo mejor es echarlo a un lado.

La agencia de trabajo temporal Adecco ha publicado un informe en el que afirma que mientras antes lo tradicional era hinchar los currículos, ahora un 10% de los casi 900.000 desempleados con cualificación que hay en España, según la Encuesta de Población Activa, tiene un segundo currículo suavizado. La idea es que así será más fácil que les contraten o, al menos, aumentarán las posibilidades de llegar a una entrevista. "Pero es un error, la honestidad es crítica", asevera Susana Sosa, directora de servicio de Adecco.

Puede que no sea lo correcto, pero a Patricia Vives, madrileña de 23 años y titulada en Comunicación Audiovisual y en Periodismo, tener un segundo currículo le valió para entrar en un proceso de selección de teleoperadora. "Es lo que me tocaba hacer, no encontraba trabajo en lo mío y opté por hacerme dos currículos, uno con toda mi formación y otro en el que, aunque no omito mis títulos, sí los suavizo y destaco otras experiencias más comerciales", se justifica tras casi un año de búsqueda de trabajo. Como ella, en España uno de cada tres titulados de menos de 29 años trabaja en un puesto para el que están sobrecualificados, según el último informe del Observatorio de Inserción Laboral de los Jóvenes con fecha de 2008 que cada tres años publican el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) y Bancaja. No obstante, a la espera de los datos de 2011, la OCDE ya ha adelantado en el documento Panorama Educativo 2010 que este porcentaje ha aumentado al 40% con la crisis, cuando su tendencia anterior era la de reducirse.

En opinión de José Castellanos, director ejecutivo de la empresa de selección Page Personal, las empresas son reacias a elegir a aquellas personas a las que consideran sobrecualificadas por su formación o experiencia porque temen que en cuanto encuentren otro trabajo más acorde con sus intereses se vayan o se desmotiven. En cuanto a si es útil, afirma que según ha comprobado por su propia experiencia, presentar un currículo rebajado, a la larga, puede suponer un problema en cuanto se descubra el engaño.

Pedro Gutiérrez, de 36 años y residente en Asturias, ha pasado por el mal trago de ser rechazado con el argumento de que tiene excesiva formación. Aunque en su caso concuerde con la realidad. Con un grado en Ingeniería Industrial, un posgrado en Sociología de la Ciencia y Tecnología en Oviedo y un Curso Oficial de Experto en Business Intelligence por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, entre otros, entiende que ahora toca aspirar a puestos intermedios. Para lograrlo, tiene varios currículos en los que "no es que quite trabajos, es que quito importancia a los trabajos", explica Gutiérrez, muy crítico con las deficiencias que, a su parecer, tienen las empresas de colocación.

Pero, ¿quién tiene la culpa de los problemas que encuentran los titulados para encontrar un trabajo? La explicación más obvia es la crisis, ya que nunca la creación de empresas, donde se localiza su principal nicho de oportunidades, había sido tan pequeña. Aunque también, desde el punto de vista de quien busca trabajo, la mala orientación y un sistema educativo atrasado.

"En las empresas no están buscando a un titulado en una carrera concreta, lo que quieren es encontrar a quien mejor se adapte al perfil", explica Navarrete, que también es profesor en la Universidad Complutense. Según añade, si se obtiene un no por respuesta "no es que se esté sobrecualificado, es que uno no se ha presentado a la oferta adecuada". O no lo hace de la forma correcta, matiza antes de recordar que la selección se basa en aspectos concretos, sobre todo en las grandes empresas, donde hay una serie de filtros que, automáticamente, descartan a aquellas personas que fallan en uno solo de los requisitos.

Por este motivo, al igual que opina Adolfo Luxan, responsable del área de empleo del Colegio de Sociólogos y Politólogos, conviene ser flexible y adaptarse a cada proceso de selección. "El problema no es tener un currículo B, hay gente que tiene dos currículos, dos correos electrónicos y gracias a ello han conseguido colocarse", destaca.

Precisamente, uno de los problemas que los titulados tienen a la hora de entrar en un proceso de selección es un currículo mal elaborado. "Dado que ahora la gente cambia con más facilidad de trabajo, suelen ser difusos y no concretan ni las cualidades de cada aspirante ni sus anteriores responsabilidades", lo que, además, habría que hacer en función del puesto al que se aspira, advierte Navarrete. "No basta con decir que tienes un cierto título y dar por hecho que cuentas con la formación necesaria. Hay que explicarlo, demostrar cómo cumples con los requisitos, hablar de lo que sabes hacer", redunda en referencia a lo que viene después: la entrevista.

Una vez en esta fase, tanto Luxan como Castellanos o Sosa admiten que en el cara a cara el aspirante puede demostrar que está motivado para el trabajo pese a que sea en un cargo de menor sueldo o categoría. Un sector en alza, una empresa atractiva o un reto interesante pueden valer como argumentos, indica Castellanos. Aunque hay otros: "La estabilidad económica es una razón tan buena como cualquier otra", añade Luxan.

También hay quien pone en marcha el principio de la flexibilidad para mejorar de trabajo: "Mi currículo es el que es, pero luego te acomodas a lo que te sugiere el puesto al que pretendes acceder", reconoce una ingeniera al borde la treintena experta en riesgos laborales y gestión medioambiental pero que pide guardar el anonimato porque está inmersa en un proceso de selección y prefiere ser prudente. Ella es de las privilegiadas que tiene trabajo, pero a muchos kilómetros de su lugar de residencia. Para cambiar de ciudad, ya ha participado en una docena de procesos de selección en un año. "Antes de la entrevista, estudio a la compañía y la oferta para ofrecer un perfil concreto", relata. Pero los sectores en los que ha trabajado, construcción y energías renovables, no ofrecen las suficientes oportunidades.

En estos casos, "hay que reciclarse", aconsejan los orientadores. Pero, a veces, por muchas puertas a las que se llame y por muchos cursos de inglés que se hagan, no es suficiente. "Entonces se entra en la frustración, que es recurrente y se alimenta de tópicos como el de la sobrecualificación. De ahí la percepción de que una carrera penaliza pese a que no sea cierto", admite el profesor.

Una masa tan importante de titulados debería ser un contrafuerte para afrontar crisis como la actual, sobre todo cuando uno de los retos de la economía es aumentar su competitividad, lo que se consigue con más productividad y formación. Pero la realidad no es esa. Para salir del bache, Navarrete reclama un cambio en el sistema universitario para que el éxito no se mida por cómo se acaban los estudios, sino por cómo les va a los titulados fuera. Hasta entonces, paro y frustración, según critica, "es el precio que deben pagar los universitarios y sus familias, que creían que un título iba asociado a un empleo y a un estatus económico". Ahora, a lo que está unido es a la certeza de que van a tener que seguir superándose día a día.

Ciencias de la salud y farmacia, en auge

Nunca hasta ahora el paro en España había registrado niveles tan altos. Pero en medio de tanto deterioro económico, hay sectores que empiezan a reactivarse, al menos en lo que se refiere a la contratación de titulados, según señalan las empresas privadas de colocación y asesoramiento profesional.

"Es evidente que hay menos ofertas, pero ahora somos un poco más optimistas", señala José Castellanos, director ejecutivo de la empresa de trabajo temporal Page Personnal. Susana Sosa, directora de servicio de Adecco, coincide en que, tras tres años de persistente auge del desempleo, van apareciendo algunas oportunidades.

Los sectores en los que han detectado esta leve recuperación son, sobre todo, los relacionados con la salud, las farmacéuticas o la biotecnología.

Más prudente, Adolfo Luxan, responsable del servicio de empleo del Colegio de Sociólogos y Politólogos, admite cierta mejora, pero muy pequeña. En su opinión, también hay oportunidades laborales en las áreas vinculadas a la exportación.

En cualquier caso, los titulados, pese a que han sufrido como todos los colectivos de población la destrucción de empleo, son los que tienen más posibilidades de encontrar un empleo con una tasa de ocupación del 88%. "Hay que aclarar que las personas menos cualificadas siempre están en peor posición para acceder a un empleo", recuerda Luxan. Asimismo, según el profesor de la Complutense Lorenzo Navarrete, entre el 80% y el 85% de los recién titulados encuentran un puesto durante los primeros seis meses de búsqueda. Aunque antes era el 95%, añade

Consejos para evitar la frustración

- Buscar trabajo es un trabajo en sí mismo. Póngase horario, sea metódico, siga ciertas rutinas, como revisar con frecuencia las ofertas, y esté atento a la actualidad económica para detectar sectores en recuperación. Sea ordenado, hágase una lista y revísela constantemente.

- Active sus redes sociales. Y no solo las de Internet. Comunique a su familia, amigos y conocidos que está buscando empleo. Que corra la voz. Entre el 75% y el 80% del empleo surge en la red social.

- Siga todas las opciones. Empiece la búsqueda desde las empresas más grandes y no descarte ninguna opción hasta que la haya analizado.

- Adapte su perfil. Estudie qué es lo que está demandando ahora el mercado de trabajo e intente adaptar su perfil profesional. Evalúe si le conviene reciclarse.

- Cuide su currículo. Es el visado que debe abrirle las puertas del mercado laboral, así que cuídelo y no dude en modificarlo si la oferta en cuestión lo requiere. El currículo debe verse de un vistazo. Intente que sea atractivo visualmente.

- Ocupe el tiempo. Es importante que esté ocupado. Siempre hay algún curso -en el Inem y en algunas empresas de trabajo temporal son gratis- que le darán valor añadido a su currículo. También es bueno que refuerce sus conocimientos en aplicaciones informáticas concretas que estén relacionadas con el sector en el que está buscando un empleo.

- Otra salida: mudarse. Al trabajador español le cuesta mucho trasladarse, cambiar de ciudad, pero, ante las dificultades para encontrar un trabajo, a lo mejor ha llegado la hora de mudarse. El extranjero quizá sea una opción

Fuente: elpais.es

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