viernes, 27 de enero de 2012

Saqueo y Pobreza en Latinoamérica. La historia de George Soros



por James Petras. Publicado en ALAI 270, 1998-04-15

Adam Smith criticó a los terratenientes "rentistas" por sacar "rentas" de tierras improductivas. En la época moderna, los descendientes de estos "rentistas feudales" sobre el capital y el trabajo productivo, son los especuladores y financistas internacionales. Ellos compran y venden la tierra, empresas, bienes raíces, incrementando el costo de la producción sin producir mercancías útiles. Construyen grandes centros comerciales, especulan con la moneda, logrando ganancias inesperadas sin contribuir al desarrollo de la industria, a la producción de alimentos ni al empleo bien remunerado.

El capital especulativo crece a un paso vertiginoso: Wall Street y la Ciudad de Londres registran ganancias sin precendentes. Y las consecuencias negativas se hacen evidentes en todo el mundo. Las economías asiáticas han sido golpeadas por los especuladores internacionales de las tasas de cambio.

En Latinoamérica, los fondos corporativos del exterior, las grandes firmas financieras y los especuladores
 multimillonarios han engordado sus planillas de ganancias a través de lucrativas compras de monopolios de telecomunicaciones, bienes raíces urbanos, centros comerciales, bancos, tierras rurales y urbanas, y compañías petroleras y mineras. La compra de propiedades estatales y bienes raíces urbanos a precios reducidos se ha traducido en ganancias astronómicas en el plazo de uno o dos años. La bonanza de importaciones baratas y el enriquecimiento del 20% más rico de la población ha resultado en un auge de importaciones de bienes de consumo. La compra a plazos alimenta el consumo desenfrenado de los sectores medios y medio-bajos en los centros comerciales. El crecimiento de los préstamos a gran escala, públicos y privados, ha significado ingresos sin precedentes tanto para instituciones financieras como para firmas de inversionistas.

Los que pagan los platos rotos

El otro lado de la moneda es la devastación de pequeños agricultores y empresarios, acompañada de niveles récord de quiebras, incautación de tierras con hipotecas morosas y el incremento del número de trabajadores rurales sin tierra. En México, más de dos millones de deudores se han organizado para resistir a las incautaciones. En Argentina, más de 30.000 pequeñas empresas han ido a la quiebra.
El crecimiento de las importaciones baratas, los arriendos altos y los elevados costos financieros han conducido al declive de las industrias locales y al aumento de enclaves para la exportación, controlados predominantemente por grandes corporaciones multinacionales de propiedad extranjera. El transporte (automóviles), el procesamiento de alimentos, las industrias mineras y químicas aparecen a la punta del empuje exportador; mientras que los textiles intensivos en mano de obra, vestido, calzado e ingeniería van en declive.

El proceso de desindustrialización selectiva y el crecimiento de los sectores de exportación intensivos en capital ha producido el desempleo masivo, el crecimiento del sector informal, así como el trabajo temporal mal pagado, por un lado, y una pequeña capa de profesionales, técnicos, contadores y asesores financieros bien remunerados, por otro.

En Brasil y en el Gran Sao Paulo la tasa de desempleo es de 17%, en la zona Gran Buenos Aires- Rosario, de 18%. En Venezuela, cerca del 60% está en la economía informal. Más del 60% de la fuerza laboral chilena recibe un salario por debajo del nivel que corresponde al valor agregado generado por su productividad. Las inversiones mayores se ubican en la compra de empresas o bancos existentes. La inversión en tierras urbanas y bienes raíces y la compra de propiedades rurales inflan los precios de la tierra.

Las consecuencias son directas y uniformemente negativas para las clases populares. La privatización significa despidos masivos, incrementos en los precios de los servicios y la discontinuidad de líneas de transporte y servicios, salvo en las rutas más rentables. La inversión en bienes raíces se traduce en edificios de oficinas o apartamentos para sectores de altos ingresos, en el desplazamiento de los habitantes y arrendatarios de bajos ingresos y la expulsión de empresarios y manufactureros pequeños y medianos, a medida que los arriendos suben por fuera de su alcance.

Con el aumento de los precios de la tierra, los pobres se ven empujados hacia fuera de los límites urbanos y a amontonarse en barriadas con escasos servicios de transporte y salud, con lo cual se alarga su jornada laboral y aumentan las enfermedades. El desplazamiento reduce el acceso al empleo, a las escuelas y a los establecimientos de salud. Los recortes en el gasto social es una política predilecta de los gobiernos para "establilizar la economía" y dar las garantías de que las inversiones no serán adversamente afectadas por las fluctuaciones de la moneda.

El aceite de la corrupción

El boom de la minería, petróleo, agroindustria, bienes raíces y sector financiero es la base, tanto para las apariencias externas de crecimiento, como para la realidad interna de miseria, desigualdad y protesta social crecientes.

Aparejado a la privatización y desregulación -las dos columnas de la actual política de "libre mercado" en América Latina- se presenta la corrupción a amplia escala y a largo plazo en los más altos niveles de gobierno. México, Venezuela, Brasil, Argentina y Bolivia han tenido presidentes que han sido acusados de corrupción, y dos de ellos destituidos, a la vez que una serie de altos funcionarios han sido implicados en contrataciones ilegales, la interferencia en el sistema judicial y la compra abierta de votos parlamentarios.

Mientras desde arriba la corrupción se encarga de engrasar las ruedas de la máquina avasalladora del mercado libre, la represión militar y policial, de silenciar la oposición y el disenso, a fin de que las economías sean seguras para los inversionistas extranjeros.

En Argentina, se ha registrado más de 850 incidentes de amenazas y violencia (incluyendo dos asesinatos) contra comunicadores críticos del régimen de Menem. En Brasil, más de 50 campesinos sin tierra y squatters urbanos han sido asesinados por la policía militar que protege a propietarios y terratenientes. En Venezuela, durante la última década, los militares y la policía han ocupado las calles dejando saldos de decenas de muertos y heridos. Entretanto, los especuladores invierten miles de millones, y a medida que se infla la burbuja financiera, la ira a la base se profundiza.

La desregulación ha facilitado que se fabriquen fortunas rápidas de unos pocos, pero las consecuencias para la economía en su conjunto han sido desastrosas.

El "filántropo" Soros

Un caso típico del nuevo capital especulativo que entra en América Latina, es el de George Soros. Además de su reciente gran compra del lucrativo monopolio telefónico ruso Svyazinvest, en colaboración con el Deutsche Morgan Grenfel, se alega que Soros ha ganado miles de millones al especular con la tasa de cambios en Inglaterra y más recientemente en el Sudeste Asiático. Las incursiones filantrópicas de Soros en Europa del Este le ayudaron a crear puentes con futuros políticos e intelectuales que posteriormente le facilitaron oportunidades lucrativas de inversión en la compra de compañías en esa región.

Como era de esperarse, Soros está a la punta de la avanzada especulativa en América Latina. Encontró oportunidades apropiadas para construir una gran fortuna bajo el régimen Menem. De una inversión inicial de $10 millones en 1990, sus haberes en bienes raíces ahora superan los $500 millones. Ellos incluyen dos torres de oficinas, dos muelles en un complejo portuario de lujo, edificios residenciales para sectores de altos ingresos y planes para reconvertir el Mercado de Abasto de Buenos Aires. Ha comprado cuatro de los seis mayores centros comerciales de Buenos Aires y un gran complejo deportivo y hoy es el terrateniente y ganadero más grande de Argentina. Esto último es resultado de una inversión de $17 millones en 400.000 hectáreas de tierra y 160.000 cabezas de ganado. A principios de 1997, con una ganancia de $90 millones alcanzada en esa propiedad, Soros compró otras 60.000 hectáreas de tierra agrícola y 87.000 cabezas de ganado. El valor de la tierra se ha duplicado en unos dos años y el mercado estadounidense se ha "abierto de pronto" a las exportaciones de carne de res argentina por primera vez en 60 años.

Y mientras el valor de la tierra está en las nubes y los arriendos aumentan y el régimen de Menem proclama su éxito para atraer nuevos capitales, en Argentina las huelgas generales se extienden a varias provincias y las manifestaciones masivas de trabajadores de la salud y profesores, malpagados o impagos, se hacen frecuentes.

México es otro blanco para las aventuras especulativas de Soros, con inversiones de $1.3 mil millones en bienes raíces. Así, mientras el nivel de vida está a la baja, el predador externo llega para atrapar los beneficios.

En Venezuela, Soros ha tomado el control de numerosos "cajeros automáticos" y una compañía de bienes raíces cuyo capital supera los $150 millones (Fondo de Valores Inmobiliarios, FVI). Además tiene acciones en lucrativas compañías de minería, textiles y energía eléctrica.

En Brasil, tiene acciones por $245 millones en la recientemente privatizada compañía de teléfonos, Telebras, una acción mayoritaria en Brazil Realty, e inversiones en rascacielos de oficinas en el centro de Sao Paulo.

Al igual que en sus incursiones anteriores, aprovechando -en asociación con especuladores locales- de las desregulaciones fomentadas por regímenes corruptos y represivos, Soros cubre con un varnis filantrópico su acción depredadora. En efecto, mientras amasa billones a costa de los campesinos e indígenas desprovistos de tierra, la Fundación Soros ha abierto una oficina que ofrece educación a niños indígenas y de la calle en Ciudad Guatemala.

Conclusión

El crecimiento especulativo en América Latina ha subido de escalón. Los millonarios locales están siendo desplazados por los "jugadores mundiales", que despiden a quienes antes despedían, compran todo y toman control de la nueva fuente de riqueza: la renta. El crecimiento de rentas y ganancias a partir de inversiones especulativas está directamente ligado al declive en los ingresos de los asalariados y campesinos, a pesar de las favorables tasas de crecimiento que se han dado recientemente.

En un sentido más profundo, la operación Soros, bajo la cual "los grandes peces comen a los peces pequeños", pone en relieve la creciente concentración y centralización del capital financiero y de bienes raíces. Ello es parte del nuevo estilo emergente de desarrollo con sus actores delimitados y beneficiarios exclusivos. Es una fórmula para el crecimiento altamente polarizado y explosivo.

En todo caso, Soros tiene la mayor parte de sus billones en fondos de inversión líquida. Si llega la revolución, él puede desplazar sus capitales a otras áreas, allí donde los nuevos Menem, Cardoso y Calderas aparecen listos para engrasar las ruedas del progreso con nuevos acuerdos lucrativos por arriba y el correspondiente envío de la fuerza pública para contener a la desconcertada población. Y la Fundación Soros seguirá no muy lejos, con financiamiento para una comunicación más abierta entre campesinos y especuladores

Fuente: vientosdelsur.org

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