martes, 17 de enero de 2012

¿Su personalidad es la culpable de sus kilos de más?



Perder peso parece sencillo: comer menos y hacer más ejercicio. Pero ¿por qué es tan difícil para mucha gente?

Un volumen creciente de investigación está hallando vínculos entre los rasgos de la personalidad y los hábitos que pueden conducir a la obesidad. Según los estudios, las partes del cerebro que controlan las emociones y la respuesta al estrés también gobiernan el apetito.

"Si podemos entender cómo la personalidad contribuye al aumento de peso, podremos desarrollar técnicas que les ayuden a las personas a lidiar con ello", dice Angelina Sutin, una investigadora del Instituto Nacional Sobre el Envejecimiento, con sede en Maryland, que encabezó un
 estudio publicado el año pasado comparando el índice de masa corporal (IMC) y los rasgos de personalidad en casi 2.000 estadounidenses a lo largo de 50 años.

Los participantes con puntajes altos en neuroticismo —la tendencia de experimentar emociones negativas fácilmente— y bajos en diligencia, o en ser organizados y disciplinados, tenían mayores probabilidades de sufrir de sobrepeso u obesidad. La impulsividad también era determinante: las personas dentro del 10% superior en este rubro pesaban, en promedio, 11 kilos más que aquellas en el 10% más bajo. Aquellos que se autocalificaron bajo en afabilidad eran los más propensos a ganar peso con los años.

Varios rasgos de la personalidad y patrones de comportamiento predisponen a las personas a subir de peso, a veces sin saberlo:

El búho: Usualmente carecen de horas de sueño, lo que reduce sus niveles de leptina, la hormona que indica saciedad, y eleva la ghrelina, la hormona que incita el apetito, sobre todo de alimentos altos en carbohidratos y calorías.

Incluso una pérdida de sueño reducida puede hacer que personas saludables procesen el azúcar como si fueran diabéticas, según un estudio de la Universidad de Chicago.

Los búhos también tienden a saltarse el desayuno, o dormir durante aquél, perdiendo una oportunidad clave de echar a andar su metabolismo desde temprano, y a menudo comen hasta altas horas de la noche.

La solución: No consuma cafeína después del mediodía; use poco las luces, la televisión y otros aparatos eléctricos por la noche y programe citas ineludibles muy temprano. O simplemente cierre la cocina a las 9 p.m.; quedarse despierto hasta tarde podría perder su atractivo.

El adicto al estrés: Las personas competitivas y que trabajan bajo presión de tiempo dan la impresión de tener mucha energía, pero lo que los impulsa internamente son la adrenalina y la cortisona. Esas hormonas de estrés producen ráfagas de energía en carreras contra el reloj, pero también pueden causar problemas de salud, incluida la obesidad.

La cortisona estimula un químico cerebral llamado neuropéptido Y, que incrementa el antojo de carbohidratos. También hace que el cuerpo produzca insulina en exceso y acumule grasa, particularmente en el estómago, aumentando el riesgo de diabetes, problemas cardíacos, embolias y otras enfermedades. La gente que se siente crónicamente estresada a menudo utiliza el alimento para obtener energía y racionaliza que se lo ha ganado.

La solución: una de las mejores formas de quemar el exceso de cortisona es el ejercicio, dicen los médicos. Y casi todo lo que lo distrae y relaja sirve como recompensa, recuerda la psicóloga Susan Albers.

El multifacético: Las personas que habitualmente trabajan, leen, conducen, ven televisión o hacen cualquier cosa mientras comen a menudo terminan ingiriendo más alimentos de lo que se dan cuenta.
"Cualquier cosa que nos distrae de la comida tiende a hacernos consumir más sin saberlo", escribió el experto Brian Wansink.

La solución: registre todo lo que come por varios días, después comprométase a comer siempre sentado, dándole al alimento toda su atención. Mastique despacio. Evalué su nivel de saciedad con cada bocado. Es muy probable que consuma menos sin tener que someterse a una dieta.

El generoso: Las personas que constantemente ponen las necesidades de otros por encima de las suyas terminan agotados emocionalmente y buscan consuelo en la comida.

El alimento está a la mano, no requiere de molestar a otros y promete confort y amor. Pero porque realmente no llena el vacío emocional, este tipo de personas siguen comiendo más y más.

La solución: identifique sus anhelos frustrados y encuentre nuevas formas de cuidarse a sí mismo. Desfogar emociones desagradables escribiendo en un diario o hablándole al espejo ayuda a difuminarlas más rápido que la comida.

El perfeccionista: Los perfeccionistas a menudo emplean el alimento como medio para aliviar la presión y muchos se someten al fracaso por fijarse metas imposibles de peso y de figura. Los expertos en desordenes alimenticios dicen que el perfeccionismo a menudo está en la raíz de la anorexia, la bulimia, y la comilona.

La solución: fíjese metas realistas; buque progreso, no perfección

Fuente: Wall Street Journal

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