jueves, 19 de abril de 2012

El legendario palacio del Caribe que nadie visita

Está en Haití y fue el palacio que habitó el autoproclamado rey negro, Henri Christophe

Bojan Kveder, cronista de viajes, nos trae a cuento la historia del palacio Sans Soucí, que en castellano quiere decir, literamente, "sin preocupación". Según cuenta, "décadas de inestabilidad política y falta de respeto a ley, o ausencia de ella, han hecho que Haití sea evitado por turistas. Pero la historia del extenso complejo palaciego me ha fascinado por más de 40 años." Fue el hogar del primer monarca independiente de Haití, Henri I, también conocido como Henri Christophe. Henri Christophe fue uno de las más prominentes figuras de la revolución de esclavos de 1791-1804. El fin del control francés significó que la colonia de Santo Domingo, renombrada Haití por su nombre originario taíno. Se convirtió en la primera nación independiente del mundo liderada por negros.

Pero después de la independencia Haití se dividió en dos. Henri Cristophe se embarcó en la construcción de su
palacio en 1810 y un año después se declaró a sí mismo rey en el norte del país. Su amada se convirtió en la reina Marie-Louise

El palacio tiene vista a la capilla de Milot, donde Henri I fue coronado. Terminó de construirse en 1813, costándole la vida a cientos, quizás miles de trabajadores. "En unas recientes vacaciones en la vecina República Dominicana, que comparte la isla La Española con Haití, vi que era una oportunidad demasiado buena de ver las ruinas como para desaprovecharla", cuenta Kveder.



Como no hay excursiones organizadas a Sans-Souci, y se encuentran muy pocos conductores de taxis dispuestos a correr el riesgo, no queda de otra que encontrar a alguien dispuesto a cruzar la frontera y que tenga un vehículo apropiado desde la República Dominicana, país que hace frontera con Haití.

Recuerdos amargos

La ruinas permiten vislumbrar el esplendor de otras épocas. "Partimos bastante antes del amanecer, viajando entre plantaciones de banano, café y tabaco al pie de la Cordillera Central y llegamos al polvoriento cruce fronterizo de Dajabon, donde muchos civiles llevan armas y la policía hace las cosas fácil por un puñado de pesos," cuenta el cronista. Sobre el Puente, del lado haitiano, la localidad de Ouanaminthe es un retrato del caos, la miseria y la desesperación, con cientos de haitianos tratando cruzar a la República Dominicana.

Por todos lados se ve una gran cantidad de basura sin recolectar. Soldados uruguayos y chilenos, que forman parte de la fuerza de estabilización de la ONU, tratan de mantener algún tipo de orden. "Contratamos a un haitiano, Jouan, para que nos muestre el camino al palacio, ya que no está señalizado de ninguna manera."

Las casas típicas que encontramos por el camino son humildes y contrastan con el estilo del palacio. Después de pasar a través de pueblos con nombres curiosos como Limonada o Cruce de la Muerte en una carretera construida por la República Dominicana después del terremoto de 2010, finalmente llegamos a Milot.



Ecos del pasado

El Palacio Sans-Souci se levanta majestuosamente sobre el pueblo como una corona rota. El gran edificio es ahora una ruina, tras haber sido severamente dañado por un terremoto en 1842. En ese entonces Haití fue reunificado, Henri Cristphe no estaba desde hacía tiempo, y nadie se molestó en reconstruirlo.

No obstante, subir sus escaleras, entrar en sus habitaciones y terrazas espaciosas, permite ver por qué es considerado el Versalles del Caribe. Algunos historiadores, sin embargo, creen que fue diseñado copiando al palacio de Federico II el Grande en Potsdam, que lleva el mismo nombre.

Pero el Palacio de Federico II simbolizaba el Iluminismo de aquellos días, mientras que su par haitiano simbolizaba la tiranía y la egalomanía. Henri Cristophe era un cleptócrata brutal, muy similar a la mayoría de los gobernantes haitianos que le sucedieron. Dicen que se voló los sesos con una bala de plata después de sufrir un ataque en 1820. Su viuda, la reina Marie-Louise, emigró a Europa y falleció en la lejana Pisa, en Italia, soñando con sus suntuosos bailes en la terraza de su amado Sans-Souci

Fuente: elnuevodia.com

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