viernes, 18 de mayo de 2012

La adolescencia eterna



Cada vez hay más adultos de 30 años o más que siguen viviendo con sus padres. “Madres que protegen a los hombres que no quieren crecer”.

¿Este argumento de que, al haberse alargado la expectativa de vida, los 40 son los nuevos 30, los 50 son los nuevos 40, y así sucesivamente, son para justificar que los 30 son los nuevos 20?

Cada vez hay más gente de 30 y pico que aún vive con sus papás, y que mantiene hábitos propios de un teenager. Muchos se justifican con el argumento de que el mundo, económicamente, no ofrece demasiadas posibilidades de levantar vuelo de la casa familiar. Y es cierto. ¿Pero cómo se justifica la más absoluta inmadurez emocional?

Existe un trastorno de la personalidad denominado “Sindrome de Peter Pan” , que no está aceptado en el DSM Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos mentales, elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría. Sin embargo, los psicólogos lo tratan como un tipo de neurosis.

El término fue acuñado por el psicólogo Dan Kiley en 1983, y se refiere a la presencia de ciertos aspectos de inmadurez, social y psicológica, acompañados por disfunciones sexuales. Mientras el sujeto crece, su percepción interna del yo permanece en la infancia.

Según Kiley, la
persona que padece este síndrome posee rasgos de rebeldía, cólera, irresponsabilidad, narcisismo, dependencia, y no aceptación del envejecimiento, manipulación, y no aceptación de normas y leyes.

Las mujeres y hombres “Peter Pan” idealizan la juventud, tienen dificultades para crecer y renunciar a ser hijos para ejercer la función de padres.

Cambian de pareja continuamente y suelen presentar disfunciones sexuales: en general poca actividad y una tendencia a tener una relación amorosa sin erotismo. Además, conforman un sector de consumo importante: los hombres mueren por las consolas de juegos, por ejemplo, y las mujeres por la ropa, los tatuajes, los tratamientos rejuvenecedores.

Los hombres Peter Pan (mayoritariamente atribuido a los varones) al parecer tienen su complementario en otro síndrome, el de Wendy (atribuido a las mujeres), que son, según explica el psiconalista Ricardo Rubinstein, “las mamás que todo lo soportan, entienden, miman y protegen a los hombres que no quieren crecer.”

Fuente: cachicha.com

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