jueves, 12 de julio de 2012

¿De qué vive la gente a orillas del Ozama?


Santo Domingo. El río Ozama tiene de todo menos esperanza. Sus aguas, entre las más contaminadas de la ciudad, son el escenario, nada alentador, en el que todos los días miles de dominicanos se ven obligados a enfrentar su realidad: desempleo, inseguridad, contaminación y el reto de sobrevivir en medio de la precariedad más extrema.

En las riberas del Ozama hay que levantarse bien temprano, y dormir con un ojo abierto y el otro cerrado. La mayoría de las viviendas, aunque parezcan estar distanciadas de las márgenes, están en peligro de ser inundadas hasta con una llovizna inofensiva. Pero todos lo saben. Sus ajuares casi siempre están sobre algún pedazo de block o madera.

La electricidad que llega hasta estas viviendas es a través de “telarañas” de alambres que afecta la calidad del servicio. El zinc y la madera se conjugan en casuchas que compiten entre sí por los
espacios. Entre calles estrechas y callejones en malas condiciones ven pasar los días personas de todas las edades. Algunos pasan horas mirando a ver qué les trae el río.

Ideas

La economía a orillas del Ozama está dominada por el ingenio y la habilidad de quienes se ven compelidos a “hacer dinero” a como dé lugar. La pesca es una de las principales actividades. Sin embargo, los colmados, bancas de apuestas, salones de belleza, talleres de herrería, ebanistería y mecánica, así como todo tipo de negocios en las aceras, es el diario vivir en estos sectores.

Moradores de Capotillo, La Ciénaga, 27 de Febrero, Los Guandules, Gualey y otros establecen negocios informales para sobrevivir. No tienen más alternativa. Estos van desde vegetales y carnes hasta ropa y artículos de primera necesidad.

A pesar de que las aceras de estas vías están manchadas por el abandono, los residentes hacen sus tareas con dedicación aunque tengan poca esperanza de que sus mercancías no se vendan. Cada día los moradores de estas comunidades renuevan las esperanzas de mejorar.

Un negocio en cada esquina para resolver el afán del día

Pesca, colmados, bancas, salones y negocios informales como puestos de carnicería, frutas, víveres, vegetales y “frituras”  son algunas de las actividades económicas que realizan los residentes de los principales barrios ubicados en las márgenes del río Ozama.

 Sin embargo, a pesar de toda esta variedad de negocios se sienten desilusionados ya que, según sus declaraciones, “van de mal en peor”.

En un recorrido realizado por Listín Diario, Andrés Bernard, manifestó que laspesca es una de las actividades económicas principales de este afluente, pero que los pescadores tienen que invertir alrededor de RD$5,000 y 6,000 pesos en gasolina para los botes y éstos no recuperan ni RD$2,000 en las ventas a los consumidores, ni distribuidores.

Resaltó que vende los pescados al público entre 90, 100 y 125 pesos.

 “Aparte de la pesca, la gente aquí se mantiene de todo lo que aparezca, comprando hierro, trabajando en construcciones, vende en la calle, lo que sea porque la situación está muy precaria”, dijo Bernard del sector La Ciénaga.

Con una red de pesca que tenía muy pocos mariscos y peces, Rafael Heredia, un pescador que tiene desde los nueve años viviendo de este tipo de actividad, manifestó que “la pesca va muy mal porque el gobierno no se preocupa por el pescador”.

Al caminar por las calles de estos sectores en las márgenes del río Ozama se pueden notar muchos colmados y salones, aunque muchos cerrados. El sustento principal de estos moradores se obtienen de los negocios informales.

Al cruzar la calle, al frente del puesto de Bernard, estaba Tony, un muchacho que afilaba su cuchillo para cortar las carnes que vende en la acera.

De pollo, res y cerdo eran los tipos de carne que vende, y con una limpieza no característica de las  demás carnicerías, Tony tenía el ambiente limpio, sin moscas y aire fresco.

Javier Medina, es un vendedor de mangos y limoncillos y señaló: “vendo aquí desde hace un año, pero no vendo, me va muy mal”.

Medina expresó que sabe hacer todo tipo de oficio, pero su salud se lo impide. “Antes era ebanista, pero a consecuencia de la madera, tengo cataratas en un ojo y no veo y tuve que dejarla”, expresó Medina. A orillas del río Ozama, en medio de un grupo de muchachos de diversas edades, se encontraba Héctor Javier, quien limpiaba las élices de su bote.

Héctor, como se encontraba ocupado, sólo dijo que la economía está “mala” y aunque la gasolina estuviera cara, él y los pescadores tienen que hacer todo lo posible por vender su mercancía porque “hay que mantenerse”.

En una calle del sector La Ciénaga, está el vendedor de yaniqueque con jamón, Anselmo Mejía.
Con casi toda su vida friendo este aperitivo, Mejía tiene un rostro tocado por los años y desilusionado por el hecho de que antes cocinaba entre 20 y 25 libras de harina al día y ahora sólo puede preparar un máximo de 12.

A un precio de 15 pesos, el público que más demanda la fritura de este residente son los jovencitos, quienes, quizás por las vacaciones o porque en sus casas no hay de comer, pagaban con monedas de RD$25.00. Mejía los mandaba a cambiarlos a un colmado que estaba al cruzar esa calle pues no tenía cambio. Carmen una mujer que vende frito y salami, manifestó que la economía está muy precaria y que le va más o menos en su negocio.

Calles y salud

En las entradas de estos barrios las calles están en buenas condiciones en incluso limpias, sin embargo, al caminar a pie o en vehículo la visibilidad va cambiando de ambiente claro a oscuro.
Las arterias de estos sectores, como La Ciénaga, Capotillo, Gualey, 27 de Febrero y otros, mientras más apartadas están del centro son más descuidadas.

Las alcantarillas están llenas de desechos. El descuido ha provocado que el agua potable y la lluvia se concentren en profundos hoyos y al tener varios días se generan mosquitos y moscas que provocan enfermedades.

ENERGÍA ELÉCTRICA Y AGUA POTBALE
Ebanistería, herrería y unas cuantas chiripas más, son las actividades que realiza Miguel para poder mantener a su familia.

Miguel, debajo de un radiante sol, tenía todo su cuerpo sudado por soldar una pequeña mesita y además del cansancio por preparar ese mueble de hierro y unas horas antes forrar tres muebles de madera con telas de tapicería en tono anaranjado, Miguel realizaba su trabajo con agilidad antes de que la energía eléctrica se ausentara.

“La energía eléctrica no está muy bien ahora mismo, nos dan un poco en la mañana, se va alrededor de las 11:00 A.M. vuelve a las 6:00 de la tarde y no regresa hasta el otro día”.

Para Carmen, que vende frito y salami en las afueras de un casa de madera, sin pintar y carcomida por comejenes, expresó que el servicio energético es ineficiente e irregular.

Agua potable Si de algo no se quejan los moradores de los sectores del río Ozama es del servicio del agua potable.

Los encuestados por este medio coincidieron en que es lo único con los que ellos se sienten felices.

“En agua somos ricos, pero no se puede hacer casi nada porque no hay energía eléctrica”, manifestó Héctor Javier.

Los niños por estar en temporada de vacaciones se paseaban por las calles con mangueras y en muchos lugares el exceso de agua es tanta que es desperdiciada y corre por los contenes arrastrando la basura


Fuente: Listin Diario

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