lunes, 16 de julio de 2012

Montaña rusa


URUGUAY. La vida emprendedora de Tiburcio De la Cárcova está signada por varios fracasos y grandes éxitos. Ahora se anima a seguir apostando fuerte

Inagotable: es la primera palabra que a cualquiera que lo conozca le sugiere el nombre Tiburcio de la Cárcova. Para cualquier otro, puede resultar solo un nombre pomposo, pero a este personaje le sienta bien; porque De la Cárcova es más que un emprendedor serial. Logró superar los grandes obstáculos que le impuso el mundo empresarial, cumplió sus sueños de la infancia y sigue generando proyectos en Latinoamérica con ánimo renovado.

Es argentino, pero el éxito lo alcanzó en Chile donde está radicado hace una década y donde logró conformar dos exitosas empresas de videojuegos  –Wanako Games y Atakama Labs–, cuando ese sector en Latinoamérica aún no tenía desarrollo. Su historia de éxito tuvo grandes
tropiezos iniciales, pero como versa el dicho y también afirma el propio emprendedor: “lo que no te mata, te fortalece”.
En los últimos diez meses, visitó en dos oportunidades Uruguay, primero invitado por Endeavor para contar su historia de crecimiento; y en junio, para oficiar como orador del último TEDxMontevideo, donde relató la experiencia de su último proyecto: STGO makerspace, un espacio de creación, experimentación y desarrollo

Pero a De la Cárcova le gustaría tener más proyectos en Uruguay. Considera que es un mercado muy similar al chileno en muchos aspectos. “Son ordenados y transparentes. Nunca van a competir con el tamaño del mercado chino, pero sí con valor agregado y con eso se puede exportar a todo el mundo”, aseguró.

Según contó a Café & Negocios Emprendedores, en sus planes está ayudar a crear un makerspace en Uruguay. Para eso dice estar “complotando” con su par local en los videojuegos, Gonzalo Frasca (director de Powerful Robot). Aunque por el momento, solo es un sueño. Lo que sí tiene decidido, y concretará en los próximos meses, es la implementación de un equipo de robótica con estudiantes, como uno que ya trabaja en su espacio de creación de Chile. Para este proyecto De la Cárcova piensa ponerse en contacto con los emprendedores Frasca y Pablo Brenner. “Todavía no les dije nada. Pero ya es un hecho, lo decidí”, dijo. El argentino quiere que a partir de enero se pueda generar una competencia de robots entre equipos de estudiantes de Chile y Uruguay, previa a la competencia mundial First, que se realiza en EEUU (Ver nota al pie).

Levantarse y seguir

Sus comienzos en el mundo empresarial fueron a ensayo y error. El destino parecía marcarle que iba a ser abogado. Siguiendo los pasos de la familia, estudió la carrera alcanzando un muy buen promedio pero cuando descubrió internet, se obsesionó y se dio cuenta de que el derecho simplemente no era lo suyo.  A los 23 años, se propuso abrir la que fue su primera empresa: un servicio proveedor de internet.
Sin mucha idea de cómo proceder, y dejándole literalmente al azar el trabajo de armar un plan de negocios, se lanzó a la aventura.

La experiencia duró un año: el inversor no estaba dispuesto a poner más dinero, le comunicó a De la Cárcova que a su parecer internet había llegado al límite y vendió todos los usuarios a una compañía telefónica.

Esa fue la primera vez que tuvo que volver a empezar de cero, pero no la última. Si de algo conoce este emprendedor es de caídas, pero también de recuperaciones.

Volvió al cuartito en el fondo de la casa y creó una innovadora página web sobre fútbol. En pocos meses logró tener más tráfico que el diario Clarín  y despertó el interés de Microsoft. Pero, aunque adelantada para su época, no logró vender publicidad.

De vuelta con la página en blanco, fundó una compañía que fue más lejos y por ello la caída lo golpeó más fuerte. “Tengo que generar contenidos para otros”, pensó. Junto a algunos amigos empezaron por contactar a clientes grandes como Ford o Nestlé.

Según De la Cárcova pasó algo maravilloso: en un corto lapso crecieron vertiginosamente en personal y en facturación, logrando montar oficinas en varios países. Recibieron varias ofertas de compra, pero para el emprendedor su empresa valía mucho más que lo que ofertaban por ella. Pero cambió la pisada. “En pocos meses todo literalmente se desplomó y me tocó bailar con la más fea”, explicó.

Nuevamente sin proyectos, quebrado y en un apartamento prestado, sin muebles, solo sobre un colchón y bajo la luz de las velas, De la Cárcova pensó que había tocado fondo. A los pocos minutos corría con su almohada prendida fuego, tratando de minimizar el último desastre.

Sin embargo, aún había algo que podía motivarlo, un amor que había dejado encapsulado por un largo tiempo: desde niño siempre tuvo claras dos cosas, si le preguntaban que quería ser de grande, el respondía inventor, y si lo consultaban sobre las cosas que quería hacer, sin dudarlo contestaba videojuegos.

Sobran los motivos

La pregunta obligada era qué lo motivó a seguir emprendiendo. La respuesta rápida fue: “no sé, me lo cuestiono cada vez que comienzo algo. ¿Por qué no me quedé tranquilo?”.

De la Cárcova adjudica su inquietud por emprender a varias cosas, pero fundamentalmente es la libertad y sentirse dueño de su propio destino lo que lo motiva a generar nuevos proyectos.

“Considero que estamos aquí para dejar todo, este es el match, no hay otra oportunidad, entonces perder el tiempo es una sensación horrible”, expuso De la Cárcova y aseguró que no es el dinero lo que moviliza su espíritu emprendedor.

Videojuegos y amigos

“Estamos en un lugar donde el fracaso es sinónimo de no me mires, no me toques y lo ocultamos. A mi aún me cuesta mucho hablar de mis fracasos, me hacen sentir mal, pero es algo que tenemos que cambiar. Los fracasos son parte fundamental y necesaria del éxito”, confesó De la Cárcova.
El trabajo y el entusiasmo terminaron por sacar adelante al emprendedor argentino. La salida estaba en los videojuegos.

Compartió la idea con cada persona que pudo hasta que alguien lo escuchó. Esa persona fue el emprendedor argentino Santiago Bilinkis, que lo conectó con otro compatriota: Wenceslao Casares, reconocido por fundar Patagon, y que estaba interesado también en los videojuegos.

“Ahí apareció la persona que realmente cambió mi vida”, dijo De la Cárcova, al recordar el momento en que vio aparecer a Wences, como él lo llama.

Junto con Casares llegó a su vida emprendedora su otro socio en el mundo de los videojuegos, Esteban Sosnik. Para De la Cárcova, el primero es su mentor y quien nunca lo dejó “tirar la toalla” y el segundo su partner y hermano en los negocios. Juntos fundaron Wanako Games en Chile, donde decidieron que era el mejor lugar para instalar su empresa.

Wanako creció, fue la primera compañía latinoamericana en desarrollar videojuegos para consolas de tercera generación como Xbox y Play Station. Y en 2006, tras cuatro años en el mercado y varios premios, fue vendida al gigante francés de los videojuegos Vivendi por US$ 10 millones.

En 2009, junto a Sosnik, levantó capitales de fondos de venture capital chilenos para comenzar con otra apuesta en el rubro de los videojuegos: Atakama Labs.

Desarrollaron juegos para iPhone, Android y Facebook. Como todo emprendimiento fue duro, admitió De la Cárcova. “Teníamos malos inversores y no nos quedó otra que buscar una alternativa y no fue otra, por suerte, que una de las compañías más grandes de móviles del mundo, la japonesa DeNA, nos comprara”, recordó el emprendedor. La operación se concretó en octubre de 2011.

“No me quejo, hoy Atakama son 60 personas y sigue creciendo y cada vez hace cosas más interesantes y creo que es una compañía que valió la pena. La miro y pienso ¡Mirá lo que hicimos!”, reflexionó De la Cárcova.

Durante el proceso de Atakama, además fue seleccionado como emprendedor Endeavor “Tengo mucho aprecio por la institución. Creo que como toda organización tiene cosas muy buenas y otras no tanto, que estoy peleando por cambiar. Pero en el balance es muchísimo más el aporte positivo”, evaluó. Como emprendedor, admite que se sumó un poco tarde, y que hubiese sido un aporte importante poder contar con una organización de la talla de Endeavor desde el arranque.

Pero el espíritu del emprendedor es insaciable y en paralelo a Atakama, fundó junto a otros emprendedores Idea.me, una plataforma de internet de crowdfounding, que ha permitido a diversos proyectos latinoamericanos, incluido el documental uruguayo “12 horas 2 minutos”, acceder al financiamiento colectivo de la comunidad de la red. Además participa con aportes pequeños en mural.ly (empresa de los emprendedores Endeavor Mariano Suarez Battan y Patricio Jutard), en taggify.net, y Lemon, la actual empresa de Casares.

A sus 40 años y con todas esas experiencias asegura que seguirá hasta que le “reviente el corazón. “No puedo hacer cosas que no me gustan y soy muy impaciente. Tengo que estar constantemente buscando cosas nuevas y termino metido en estos despelotes. Desde que empecé no pude parar y que algunas cosas hayan salido mal o bien es solo el final de un capítulo,  y lo divertido no es el final, sino todo el camino, todo lo que hiciste: son viajes impresionantes”, remató

Fuente: elobservador.com.uy

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