miércoles, 18 de julio de 2012

Un negocio que clama por una reconversión viable


URUGUAY. La rentabilidad de las panaderías de barrio está en duda. El problema de su viabilidad económica tiene varios años, pero en este 2012 el Centro de Industriales Panaderos del Uruguay (Cipu) encendió una nueva señal de alerta ante los datos obtenidos en un estudio realizado en abril.

En ese mes, Uruguay importó más de un millón de kilos de productos panificados por un valor estimado de US$ 2,8 millones. La competencia de los productos provenientes del exterior es cada vez más fuerte.

La estrategia para sobrevivir parece clara para las poco más de 1.500 panaderías del país: la diversificación en la oferta.

El gerente general de Cipu, Jorge Aguirrezabalaga, dijo a Café & Negocios que la alta importación
de panificados es un “indicador preocupante” por el impacto que puede haber en el sector en caso que ese volumen de importación se sostenga en el resto del año.

El fenómeno no es nuevo. Las panaderías hace tiempo que hacen frente a este problema luego de sortear los escollos de la crisis económica de 2002 y 2003.

A pesar de ello, la cantidad de puestos de empleo generados a nivel nacional permanece relativamente estable: 15.825 en las 1.533 panaderías registradas al cierre del último cuatrimestre de 2011, en comparación con 15.924 en el último cuatrimestre de 2010, según cifras aportadas por el Banco de Previsión Social (BPS) .

En tanto, en el último cuatrimestre de 2009 se registraron 15.746 puestos, mientras que en 2008 el número fue de 15.235, en 2007 fue de 14.550 y en 2006 fue de 13.725, lo que muestra cierta recuperación tras la crisis.

La evolución del sector tras la crisis también queda en evidencia con los datos del BPS acerca del aumento de la remuneración global de los empleados, donde jugó un papel importante la reinstalación de los Consejos de Salarios: más de $ 169 millones en salarios en el último cuatrimestre de 2011, en comparación con $ 67 millones en igual período correspondiente al año 2006.

CAMBIAR EL PERFIL

Con la crisis económica, varias panaderías debieron cerrar por problemas financieros. Una vez superada esa etapa, una parte de los empresarios del sector retomó la actividad.

Algunos optaron por reconvertirse para sumar rubros con el fin de competir con el creciente mercado de los productos panificados que comercializan las grandes superficies.

Por ejemplo, explicó Aguirrezabalaga, muchos locales del interior del país sumaron la venta de pastas. Otros, mayormente en Montevideo, sumaron rotisería y sandwichería.

“Es difícil subsistir sólo con la venta de pan, galleta y bizcocho”, declaró Aguirrezabalaga, quien subrayó que el cliente “fiel” a la panadería de barrio es, sobre todo, “la persona de edad que mantiene aquello de hacer el mandado de todos los días”.

Ese perfil contrasta con la conducta de las nuevas generaciones, que optan, dijo, por la oferta de los supermercados en materia de panificados, sobre todo de aquellos productos importados y los elaborados por las firmas que en Uruguay elaboran pan de molde, como la multinacional mexicana Bimbo o las nacionales La Sin Rival y La Mallorquina.

Por su parte, el presidente del Cipu, Héctor Facal, propietario de la panadería Verdún, en el barrio Aires Puros de Montevideo, sostuvo que el consumidor de los productos de panaderías tiene sus particularidades.

“No es lo mismo el pan hecho en el día que los productos envasados. Ese consumidor sabe que cuando compra un producto envasado con fecha de vencimiento tiene ingredientes, agregados, que son componentes químicos, que hacen que se mantenga la humedad del pan”, sostuvo.

Con los nuevos competidores, los empresarios del sector deben “evolucionar”, como se ha hecho en otros rubros cuando las condiciones del mercado cambian, dijo Facal.

“El empresario tiene que evolucionar en técnicas, en líneas de trabajo, en la diversificación de los productos para poder distinguirse de los competidores de su zona”, declaró.

Añadió que aggiornarse implica, por ejemplo, “vender pascualinas y hasta torta fritas”, sostuvo, pero también mantener una buena presentación y estética del local. 

La aparición de productos congelados para cocinar en el hogar también resintió la venta de las panaderías, aunque no hay una cuantificación del impacto económico, sostuvo Aguirrezabalaga.
Además, identificó a la creciente importación de galletitas, magdalenas, budines y alfajores como una amenaza para las panaderías. De todos los productos, señaló que el que más perjuicio provoca son las galletitas con sabores importadas desde Argentina, que son comercializadas a bajo costo en la plaza uruguaya.

Desde una de las principales empresas proveedoras de insumos alimenticios para las panaderías se indicó a Café & Negocios que en los últimos años han cambiado las pautas de compra de sus clientes, ya que apuntan a la adquisición de mercadería de “mayor calidad” que permite simplificar y estandarizar la manufactura de sus productos, como las premezclas que contienen los ingredientes necesarios para elaborar productos panificados.

De esta manera, se reduce el proceso industrial de elaboración y se acortan los tiempos de trabajo, según se informó.

Además, la misma firma proveedora indicó que aumentó la cantidad de compras de alimentos de rotisería y que, además, para reducir los costos algunos panaderos han sustituido el uso de grasa o manteca por margarina al momento de producir bizcochos y otros panificados.

INFORMALIDAD

La representante de los empresarios en el directorio del BPS, Elvira Domínguez, quien además es empresaria panadera y desde pequeña ha estado involucrada en el rubro, dijo que la informalidad en el sector supera a la media nacional, que ronda el 27% y el 28%.

Domínguez subrayó que el sector ha sido “muy golpeado” en los últimos años por el aumento de las ventas de productos panificados. Además, indicó que el deterioro del sector se ha profundizado con la llegada al mercado de mercadería congelada.

También entiende que otras variedades de alimentos, como las galletitas elaboradas en el litoral argentino, han impactado en la viabilidad de las panaderías por su bajo costo.

“Al empresario uruguayo se le hace difícil competir con productos sin impuestos”, consideró la jerarca, quien señaló, además, a la baja cotización del dólar como un factor que juega en contra del negocio.
Según dijo, las panaderías tienen menos oportunidades de sobrevivir en sectores periféricos de Montevideo, donde la actividad informal es elevada. Allí compiten panaderías con locales que venden productos alimenticios a bajo costo y con personas que elaboran sus bizcochos y los comercializan puerta a puerta o en un puesto callejero. “En estas zonas, por ende, la rentabilidad es baja”, declaró

Fuente: elobservador.com.uy

0 comentarios:

Publicar un comentario

Dejanos tu opinion

 
Design by Wordpress Theme | Bloggerized by Free Blogger Templates | Grocery Coupons