jueves, 22 de noviembre de 2012

Benchmarking, aprender de otros


Así como en la cotidianidad de cada ser humano existen personas, o ideas que fungen como referentes y ejemplos de cómo vivir, en los negocios también se utilizan procesos que sirven para entender qué se está haciendo puertas afuera de la organización, y cómo esa realidad externa puede ser útil para potenciar el rendimiento productivo y la rentabilidad de la empresa.

En mercados tan competitivos como los actuales, las empresas –o unidades de ellas– se preocupan por optimizar sus procesos y rendimiento, y para ello se valen de la comparación con otras organizaciones con características similares, que además sean reconocidas por su éxito.

Esta táctica, conocida como
benchmarking, fue definida por David T. Kearns, director general de Xerox Corporation –primera empresa que reconoció poner en práctica esta estrategia– como el proceso continuo de medir productos, servicios y prácticas contra los competidores más duros o aquellas compañías reconocidas como líderes en la industria.

Asimismo, Valls Roig, A. en su Guía Práctica del Benchmarking (1995) explica: “El Benchmarking no es en realidad nada nuevo. (…) para que una empresa pueda mejorar y llegar a sobresalir –lo que es imprescindible para sobrevivir a largo plazo–, necesita observarse y observar, (…), recoger aquello que descubra a su alrededor que le permita distinguirse, e incorporarlo creativamente en la propia organización.”

El benchmarking se empezó a implementar en los años 80 cuando las empresas norteamericanas, ante el notable crecimiento de las industrias japonesas, se propusieron indagar sobre sus métodos de producción, mercadeo, distribución y ventas. Luego en los 90, las organizaciones más importantes del mundo se mostraron interesadas en el mundo, hasta el punto que en la actualidad que la tendencia es medirse con las empresas más rentables y conocidas.

En su libro Benchmarking: A Tool for Continuous improvement (1992), McNair, y Leibfried hablan de cuatro tipos de benchmarking:

1.- Benchmarking interno: un chequeo interno de los estándares de la organización, para determinar formas potenciales de mejorar la eficiencia.

2.- Benchmarking competitivo: es la comparación de los estándares de una organización, con los de otras empresas (competidoras).

3.- Benchmarking de la industria: comparar los estándares de la empresa con los de la industria a la que pertenece.

4.-Benchmarking “mejor de su clase”: es la comparación de los niveles de logros de una organización, con lo mejor que exista en cualquier parte del mundo, sin importar en qué industria o mercado se encuentre.

Esta metodología no se trata de un esquema único e invariable, sino por el contrario es una proceso de descubrimiento y aprendizaje en el que las organizaciones se permiten entender realidades diferentes y conceptualizaciones del negocio que, aunque no les queden como anillo al dedo, sirven como guías para innovar y mejorar su operatividad.

El benchmarking es aplicable a cualquier área de la organización, desde la producción, pasando por los procesos administrativos y de ventas hasta las estrategias de comunicación y mercadeo. Se trata, pues, de observar y de diseñar esquemas de calidad y productividad al mejor estilo de las grandes industrias. Eso sí, bien vale decir que, no se trata de imitar, plagiar o copiar.

Lo interesante de esta práctica es que le permite al negocio conectarse con lo que realmente está sucediendo en el mercado, generándose con ello un nuevo enfoque administrativo que apunta hacia la calidad y la competitividad

Fuente: blog.banesco.com

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