miércoles, 26 de diciembre de 2012

A quién le importa tu edad cuando tienes un buen negocio


Crear una empresa no tiene fecha en el calendario. Los empresarios más veteranos cuentan con su experiencia y capacidad de gestión, y los más jóvenes con su inconformismo y su creatividad.

Si como reza un proverbio suizo, la edad no juega ningún papel salvo en los quesos, ¿por qué determinar los años que debe tener un emprendedor para lograr el éxito en su proyecto? Con 20, 40 o 50 años, cualquiera que tenga una buena idea que sepa implementar, una adecuada red de contactos y se rodee del equipo oportuno puede hacer realidad una empresa con futuro. “Veo el mismo brillo en la mirada de cualquier emprendedor cuando explica su proyecto, sea cual sea su edad”, asegura Albert Martí, cofundador y CEO de Bananity, una comunidad virtual para encontrar gente a la que le guste o deteste las mismas cosas.

Sénior versus júnior

Martí es un claro ejemplo de que la edad no marca el momento para convertirse en emprendedor. Con 41 años
decidió crear su propia empresa. “Confluyeron dos factores: la llamada crisis u oportunidad de los 40, en la que me pregunté qué quería hacer con mi vida; y el empujón que recibí por parte de la empresa para la que trabajaba cuando decidió vender mi división”, explica.

Reinventarse
El suyo no es el único caso. Ignacio de Benito dejó un puesto de consejero delegado en una gran compañía en 2001 tras una fusión, y decidió reinventar su vida profesional. Con 59 años ya cuenta con cuatro empresas. Una de ellas es Crisbe Consultores, una firma dedicada a orientar a otras compañías en su desarrollo del negocio internacional. Su idea era ayudar a organizaciones extranjeras a implantarse en España, y su experiencia en dos multinacionales, una española y otra suiza, con actividad global, le sirvieron como base para crear su propio negocio

Tanto Martí como De Benito coinciden en que la experiencia es un grado, especialmente cuando ese bagaje profesional se enmarca en el área en la que se quiere emprender. “La madurez es una ventaja. Crear una start up suele ser algo adrenalínico y por eso le va muy bien la energía y el descaro de la juventud. Pero también se beneficia, de vez en cuando, de la pausa que se adquiere con la edad”, defiende el cofundador de Bananity.

Además, la sociedad ha evolucionado y ahora apenas hay quien se extraña de que un profesional con una larga trayectoria en grandes corporaciones se lance a fundar su propia compañía. Ni al contrario. Para ejemplo Pep Gómez, un joven de 20 años que ha fundado Fever, una start up que pretende revolucionar la manera en que la gente se conoce y hace planes en una gran ciudad.

Juventud
La idea surgió durante su periplo estadounidense. Este castellonense no había cumplido los 17 años cuando le fichó Bernardo Hernández, vicepresidente de márketing de Google, para trabajar como asesor en San Francisco. Tras dos años en Estados Unidos decidió volver a España, y en octubre del año pasado logró recaudar más de un millón de dólares (más de 750.000 euros) en la primera ronda de financiación para su empresa.

Una labor que le llevó semanas de networking: “Hay que mandar muchos mails, llamar a las personas adecuadas, estudiarte sus vidas y trabajar mucho. Fui a eventos y conferencias para conocer gente, e incluso busqué en Internet. Es complicado, pero si tienes una idea que cubre una necesidad, los inversores no se fijan en tu edad”, afirma. No ha ido a la universidad, pero su talento y su capacidad innovadora le abrieron las puertas de Esade, donde logró una beca para un curso diri-gido a pequeños empresarios.

Javier Agüera tampoco había cumplido los 20 cuando creó, junto a Rodrigo Silva, Geeksphone, una empresa de telefonía móvil conocida por ser la primera marca europea en lanzar un smartphone basado en Android a un precio más económico.

Sin embargo, su andadura empresarial comenzó antes. Mientras estudiaba en el instituto creó dos start up: “TopKami surgió cuando buscaba un regalo para un amigo y quería algo para personalizar una camiseta. A partir de ahí puse en marcha una tienda online que funcionaba sobre todo bajo pedido”, recuerda Agüera. Casi en paralelo lanzó su segunda start up, Darkgate Softworks, un negocio centrado en el diseño de videojuegos que, poco a poco, y por falta de tiempo fue dejando al ralentí.

Agüera no cree que sea especial por incorporarse al mundo empresarial a una edad tan temprana. Se define como una persona curiosa que siempre está investigando sobre las cosas que le gustan. Opina que su espíritu emprendedor forma parte de lo que él llama la Generación C: los creadores conectados. Jóvenes a los que les mueve la curiosidad, la creatividad y el compromiso de hacer realidad sus proyectos y cambiar el mercado.

Retos
Aunque emprender no entienda de edades, un joven empresario puede encontrar obstáculos a la hora de buscar financiación o disponer de una buena red de contactos. Los retos para los sénior pasan por cambiar de mentalidad porque “hay que descartar la idea de seguir contando con los mismos ingresos que antes” y de modelo de negocio. Además, emprender a partir de cierta edad implica miedos tan comunes como el riesgo económico, pues normalmente ya se cuenta con cargas familiares, y el temor a no estar suficientemente conectado con las últimas tendencias tecnológicas. “La solución es conseguir una combinación entre el maridaje de emprendedores junior y el bajage de los sénior”, sentencia Martí

Fuente: expansión.com

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