jueves, 11 de abril de 2013

¿Por qué fracasan los negocios pequeños?



Franklin Vásquez
Especial para LISTÍN DIARIO
Santo Domingo
El fenómeno del fracaso de los pequeños negocios es algo que aún inquieta a muchos de los que estudiamos la problemática de las pequeñas y medianas empresas. La ausencia de explicaciones que marquen una tendencia o que aporten elementos comunes para definir las causas de la quiebra de muchos negocios de menor tamaño relativo nos inquieta y plantea la necesidad de profundizar en el estudio de este fenómeno.

Por ejemplo, una publicación realizada por GestioPolis.com revela que “solo el 20% de los negocios que abren hoy estarán funcionando en cinco años, mientras que el 96% de estos estarán cerrados en 10 años”. Este dato pudiera considerarse alarmante si partimos de la realidad de que, por ejemplo, en República Dominicana, más del 95% de los empresas son micro o pequeñas, y si estas quiebran con tanta rapidez, llegaremos a la conclusión de que en ese sector se vive con mucha incertidumbre.

Si hiciéramos un ensayo sobre los motivos por los que fracasan los negocios empezaríamos por destacar la forma en que estos se crean y se inician. En efecto, en un sondeo que realizáramos entre un grupo de propietarios de pequeñas y medianas empresas, se pudo comprobar que existen diferentes razones o motivos por los cuales los empresarios consultados se iniciaron en el mundo empresarial. Algunos revelaron que heredaron un negocio de la familia y que por eso se metieron a empresarios, pero que al principio no tenían ni idea de cómo se manejaba una pequeña empresa.

A otro grupo lo despidieron de una empresa grande o del gobierno y con el dinero recibido como prestaciones laborales decidieron poner un pequeño negocio. En alguno de estos casos se tenía el dinero, pero no la idea, pero igual arrancaron poniendo un negocio. Otro porcentaje de los consultados reveló que vivía fuera del país y que, cansado de trabajar y de estar lejos de su patria, retornaron con ciertos ahorros y decidieron montar una pequeña empresa. Los más hábiles observaron una oportunidad de negocio en un renglón de la economía y arrancaron por ahí. Otros se vieron en la obligación de “buscársela”, pues la situación económica se puso difícil y se les dificultaba conseguir un empleo, por lo que no vieron otra opción que no fuera iniciar una actividad productiva o comercial. Un caso relevante es el de aquellos que, habiendo aprendido un oficio en una escuela técnica (ebanista, mecánico, plomero, electricista, reparador de inversores, electrónica, ensamblador de computadoras), aprovecharon esta condición para generar un autoempleo y para montar una microempresa. De hecho, la tasa de mortalidad de los pequeños negocios y microempresas es más baja para aquellas personas que conocen el oficio a partir del cual iniciaron su emprendimiento.

Como se puede deducir, en ninguno de los casos anteriores hubo un proceso de formación para ser empresario y probablemente esta sea una de las explicaciones por las cuales tantas pequeñas empresas quiebran durante los primeros años de su creación y desarrollo. Y es que en los países en desarrollo la mayoría de las personas que inician un negocio lo hacen por su cuenta y riesgo, con un alto nivel de informalidad y con pocas herramientas empresariales. Otra de las razones por la que quiebran las empresas pequeñas es por la mala administración de sus propietarios, lo cual está relacionado con la falta de organización interna, problemas de manejo del efectivo y ningún ordenamiento a nivel de la contabilidad. En este caso, la percepción de que se tiene que ganar dinero, desde un principio, puede ser un error que lleve el negocio al fracaso.

Otro de los factores que se vincula con el fracaso de los pequeños negocios está relacionado con problemas de mercado, ya que muchos no saben cómo buscar clientes, promover sus productos, buscar segmentos de mercado ni establecer alianzas que le permitan llegar a una mayor cantidad de consumidores. En ocasiones los problemas de mercado están relacionados con la ubicación del negocio, pues muchas pequeñas empresas se instalan en lugares inadecuados en donde el flujo de clientes es nulo para el tipo de producto que se ofrece. Por ejemplo, si usted va a poner una tienda de repuestos, pónganla en la 20 o en la Isabel Aguiar, y no se vaya a otro lugar porque de seguro va a quebrar.

La carga impositiva que implica el pago del Itbis, la Tesorería de la Seguridad Social, el Infotep y el Impuesto sobre la Renta también constituyen motivos por los cuales muchas pequeñas empresas pueden llegar a quebrar. Tener que cumplir con todas esas obligaciones resulta tedioso y complicado para propietarios de negocios menores, por lo que tienden a evadirlo, lo que tiene consecuencias para la expansión del negocio, sobre todo si es o quiere convertirse en proveedor del Estado.

El problema de acceso al crédito siempre se señala como una de las principales razones por las cuales fracasan las pequeñas empresas, aunque esto no es del todo cierto. Hay personas con mucho dinero que quiebran por una mala administración del negocio. Pero sí es cierto que, en general, a los pequeños empresarios se les dificulta obtener recursos frescos, a tasas de interés relativamente bajas y a plazos adecuados. La buena noticia en el caso dominicano es que el Gobierno, a través de Promipyme y su Banco Solidario, ha empezado a motivar el crédito y a posibilitar el financiamiento bajo condiciones adecuadas. También, el Banco Central ha hecho lo suyo en términos de política monetaria para fomentar el crédito entre los empresarios pequeños y micro. Solo falta que la banca privada se motive más y promueva una mayor “bancarización” de las pequeñas empresas a través de instrumentos y productos financieros asequibles a este tipo de unidades productivas.

Finalmente, es probable que la formalización de las microempresas y de las pequeñas empresas, desde su creación, no constituya la salida ideal para promover la aparición de una mayor cantidad de empresas pequeñas, pero si estoy seguro de que este es un mecanismo idóneo para reducir el nivel de mortandad que se registra entre las empresas definidas como de menor tamaño relativo. Y ahí el Estado debe meter su mano

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