viernes, 19 de abril de 2013

Sueños bancarios



Sueño con que la tasa de interés de mi préstamo hipotecario, de consumo o de tarjeta de crédito fluctúe conforme a una regla, sencilla, transparente y automática. Sueño con que no tendré que llamar a mi banco o a mi asociación de ahorros y préstamos, para que me revisen la tasa de interés, sobre todo cuando están a la baja en el mercado financiero.

¿Realmente es tan difícil para la banca indicarme cuál es la fecha de revisión de mi tasa de interés, de la misma forma en la que me señala cuándo me toca pagarle? Si me informa cuándo toca revisión a mi tasa, sabré entonces que debo llamarla para antes de esa fecha y exigir mi derecho a revisión. ¿Por qué no lo hacen?

Sueño con que la tasa de interés de mi préstamo reflejará no solamente las condiciones del mercado, sino también mi propio comportamiento y capacidad de pago. Si resulta que soy buena paga, que el banco me cobre como tal y no que me cobre lo mismo o prácticamente igual que al mala paga.

¿Realmente hace sentido que a quien tiene una tarjeta "Platinum" de RD$500,000 se le cobre el mismo 84% de interés anual que a quien tiene una "Clásica" de RD$5,000? ¿Son iguales de riesgosos? ¿En serio?

Sueño con que la banca nos educará a todos, por ejemplo con herramientas que nos permitan, a nosotros mismos sus clientes, evaluar nuestras prácticas y condiciones financieras, de tal forma que sepamos si vamos o no por el buen camino crediticio y del ahorro.

Imagino un banco o un servicio bancario que me permita responder estas preguntas: ¿Qué decisiones o conductas impactan (o impactarían) negativamente mi capacidad de endeudamiento? ¿Qué estoy haciendo bien? ¿Qué debo comenzar a hacer? ¿Hasta dónde me puedo endeudar? ¿Cómo mide cada banco mi endeudamiento? ¿Por qué tanto misterio alrededor de esto? ¿Podría la banca sentarse con los burós de crédito para diseñar esto?

Sueño que en los estados de cuenta que mensualmente recibo de mis tarjetas de crédito se indique cuánto pagaré de intereses y cuánto tardaré en saldar la deuda si opto por hacer solamente el pago mínimo, un pago mayor al mínimo o el pago total.

Sueño con que en cada estado de cuenta, sea de mi préstamo o de mi tarjeta de crédito, cada banco me indique una línea telefónica 800 o servicio de asesoría gratuita que me oriente en caso de sentir que estoy (o que estaré) teniendo dificultados para seguir cumpliendo con mis compromisos crediticios.

Sueño con que la banca, antes de mandar mi expediente de préstamo con atrasos al infierno crediticio, perdón, a los abogados, se siente conmigo (o me remita a una clínica crediticia que ella patrocine) para re-evaluar mi capacidad, orientarme y establecerme un nuevo plan que me permitirá cumplir con el banco y preservar mi dignidad e historial crediticio.

Sueño que si peco, es decir, que si soy incapaz en un momento dado de mi vida económica de pagar y honrar mis compromisos, que la banca no me cierre las puertas al crédito, incluyendo la negación de hasta a una simple cuenta de ahorros para recibir mi nómina.

Es tan elemental que resulta estúpido escribirlo: ¿Cómo podré volver a honrar mis compromisos, mis deudas atrasadas, si ni siquiera se me permite abrir una cuenta de ahorros, condición sine qua non para cualquier oportunidad de trabajo en el mercado laboral?

No es, señores banqueros, un préstamo o una cuenta corriente que les suplico. Es sólo una cuenta de ahorro, sin riesgo crediticio para ustedes. ¿De verdad no me la pueden abrir?

Sueño con que los contratos de adhesión que la banca nos hace firmar (si optamos por contratar sus servicios) sean entendibles, claros y llanos. Y que no sean abusivos. No soy yo sino la ley que establece esas características. Pero, ¡qué va! Le invito, a cualquiera, que se siente a leer ese tipo de documentos y llegará a la misma conclusión que yo: muchos son complejos, complicados, oscuros y demasiado de ellos, simplemente abusivos. Léalo, por cierto, con una lupa, pues los hay todavía que están en letras microscópicas.

Lo increíble de estos contratos de adhesión, por supuesto, es que todos supuestamente fueron revisados y aprobados por la Superintendencia de Bancos (que hasta los cuelga en su propia página web), ente llamado a defender nuestros intereses por la ley.

Sueño con que la banca ofrezca productos que realmente motiven el ahorro de todos los ciudadanos dominicanos. Que lo hagan pagando una tasa de interés razonable, real y que no sea manipulada ni engañosa. Sueño con que cese la vieja práctica de pagar interés semestralmente o, ¡peor!, sobre los balances mínimos (y no los promedios diarios), como insólitamente muchas entidades todavía lo hacen.

Ojalá que la banca múltiple, que tiene el 80% del mercado, diseñe un producto de ahorro que sea libre de comisiones, conforme a ciertos límites de actividad, como el que tradicionalmente han ofrecido las asociaciones de ahorros y préstamos y que, en días recientes, está ahora (¡finalmente!) promocionando el Banco de Reservas.

Sueño que la banca, o los gremios bancarios como la ABA, estructuren un gran programa de educación financiera a nivel nacional, destinando el 4% de lo que invierten en publicidad y programas de lealtad, que sea accesible a toda la población, conforme a sus necesidades y capacidades de aprendizaje.

Muchos, arropados por el cinismo que nos rodea, todavía piensan que la banca apuesta a la ignorancia de sus clientes. Eso es falso. Hay modelos locales (como www.apap.com.do) y extranjeros (www.cuadresubolsillo.com) que podemos seguir y profundizar más.

De algo estoy convencido, ya volviendo al plano de la realidad. Estos sueños, que no son míos sino de más de 2,000,000 de dominicanos, serán realidad. Más temprano que tarde. No es un tema de sueños o ilusas esperanzas… es sólo asunto de tiempo. Esa es mi apuesta. Y ojalá que también lo sea de la gran mayoría de nuestra banca.

arg@betametrix.com / @argentarium

Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar."

Antonio Machado (1875-1939)

Poeta y prosista español




Fuente: Diario Libre

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