jueves, 9 de mayo de 2013

“Me propuse no ser segundo de nadie"



Santo Domingo. Al cumplir los dieciséis años Franklin Moquete se vio obligado a abandonar sus prácticas de béisbol para buscar el sustento suyo y el de sus hermanos de 7 y 5 años, pues la muerte de su madre le dejó, repentinamente y a destiempo, la gran responsabilidad de una familia.

Ese evento no solo impulsó su paso abrupto de la infancia a la adultez, sino que definió la determinación con la que asumiría la vida en lo adelante y su inquietud por la búsqueda de nuevas fuentes de ingreso y crecimiento económico. No podía fallar.

Moquete cuenta que tras la muerte de su madre pidió trabajo en un taller de mecánica que operaba al lado de su casa, donde se inició como rebobinador de bombas de agua. Pero Franklin no se conformaba con lo que hacía, y en su tiempo libre observaba cómo se reparaban plantas eléctricas en ese mismo taller hasta que aprendió a hacerlo.

Ese aprendizaje le valió para emprender su primera empresa, un taller de fabricación de plantas eléctricas con motores de carro, en el que se ganó el pan de cada día durante 14 años, hasta que en 1996 incursionó en la fabricación de estufas, un oficio que consideró más cómodo y rentable.

Una visión definida
Moquete sostiene que desde niño ambicionada trabajar de manera independiente, porque se esforzaba en aprender cada cosa que le era posible y de aprovechar los conocimientos adquiridos en su etapa de empleado, con miras en formar su propio negocio.

“Siempre dije que no quería ser segundo de nadie, por lo que he tratado de hacer las cosas por mí mismo, procurando hacerlas mejor que los otros, sin discriminar”, enfatizó el empresario, quien con su espíritu emprendedor y su trabajo incansable ha logrado levantar una familia de cinco hijo, que hoy están en edades entre 7 y 21 años.

Franklin asegura que para emprender un negocio no se necesita tener una gran suma de dinero, sino tener la determinación de iniciar, el tesón para mantenerse y comprender que el crecimiento es paulatino, pero con trabajo constante y sacrificio se puede lograr. “El mayor obstáculo para emprender es poner por delante el miedo a fracasar”.

Dice que inició su negocio con un aro doble de carro y un rollo de manguera para fabricar su primera estufa de una hornilla y hoy vende al por mayor, especialmente en las provincias, además de que fabrica estufas industriales, tostadoras y piezas de estufas convencionales, como tuberías, copas y quemadores, que ofrece como repuestos.

Moquete describe que vende aproximadamente 80 estufas de aro y 60 tostadoras caseras e industriales al mes, además de las estufas industriales y los repuestos, con lo que factura alrededor de RD$360,000 mensual, de los que recibe ganancias netas de aproximadamente RD$160,000.



“La mayor parte de las ventas es por pedidos desde Santiago, San Cristóbal, La Vega, Bonao, La Romana y San Pedro de Macorís, donde hay mayor demanda de ese tipo de estufas”, señala.

A pesar de que el motivo de la incursión laboral de Moquete fue circunstancial, cuando aún era un adolescente, cuenta que siempre fue un muchacho curioso y presto a aprender cualquier oficio que le interesaba.

Recuerda que siempre observaba a uno de los trabajadores del taller, en el que luego empezó a trabajar, mientras realizaba su labor. “Consideraba que era lento y le sugería cómo hacerlo de una manera más efectiva”, dice.

De esa misma manera, luego de tener su negocio de fabricación de plantas eléctricas, se interesó por la elaboración de estufas y aprendió a armarlas de manera empírica, por simple observación.

Esa inquietud por demostrar que podía hacer el trabajo más rápido y mejor lo llevó a innovar, y así aprendió de las dos empresas que le han garantizado el sustento de los últimos 27 años.

((Realidad
La informalidad en República Dominicana
En República Dominicana prevalece un alto índice de informalidad en la economía, que concentra más del 53% de los trabajadores del país.

La informalidad ha aumentado al crecer de manera sostenida durante las dos últimas décadas en la mayoría de los países de América Latina, con las excepciones de Chile, Brasil y El Salvador. En 2005 se estimaba que un 57% del empleo urbano era informal y que un tercio de este correspondía a empleo formal asalariado y un 24% a empleo informal por cuenta propia

Fuente: Listin Diario

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