lunes, 23 de diciembre de 2013

Fracasando con todo éxito



URUGUAY. El fracaso está de moda. Es que, de tanto en tanto, algún concepto asociado con la problemática emprendedora se expande, inspira relatos, gana tracción e incluso llega a convertirse en cliché.

Si atendemos al contenido de los keynote en conferencias locales recientes o al perfil de ciertos eventos en la meca del emprendedurismo como thefailcon.com, observaremos que la tematización sobre el fracaso está presente.

Recapitulando, otros tópicos ya han estado en primer plano como lo permanente del cambio, la satisfacción de convertirse en el propio jefe, la somnolencia que provoca tirar el ancla en la zona de confort, los beneficios del teletrabajo, la adrenalina de asumir riesgos y, por favor, no olvidemos a la innovación con la cual continuamos haciendo gárgaras.

Sigamos la tendencia actual y dediquemos algunas líneas al fracaso.

Hace bastante tiempo, el griego Epicuro lo entendía como uno de los cuatro miedos básicos que dinamitan el camino hacia la felicidad. El combo lo terminaban de integrar el miedo a los dioses o a lo sobrenatural, a la muerte y al dolor. Puntualicemos de esta propuesta la paralización que ocasiona el fracaso, al extremo de generar sufrimiento y acercar a la infelicidad.

Ahora bien, podemos entender al fracaso como una valoración generalizada y ciertamente negativa sobre algunas situaciones que destacan por su perjuicio en un área. Y no estamos solo ante sensaciones térmicas subjetivas... ¡por supuesto que existen situaciones objetivables bien jodidas! Por ejemplo invertir hasta el último peso en el negocio sin conseguir resultados, constatar la falta de compromiso de socios o colaboradores, un break-even (punto de equilibrio) que se aleja y aleja, rebotar en el proceso de selección de la incubadora o el programa de apoyo de turno.

Está claro que nadie busca fracasar. ¿Pero qué hacer cuando es el fracaso el que sale al encuentro?

Reconocer, desmenuzar y capitalizar
Tomar conciencia de la situación y comenzar a entender los factores que llevaron al tropezón es un buen comienzo.

El ejercicio no busca la mortificación, sino estar mejor preparado para seguir avanzando.

La meta es aprender. De aquí, el interés casi impertinente de inversores o miembros de un comité de selección en conocer las experiencias de éxito y especialmente las de fracaso.

Quienes verdaderamente aprenden pueden llegar, por ejemplo, a detectar con más agudeza las personas y relaciones tóxicas para sus proyectos, optimizar la asignación de recursos, discernir entre un buen negocio y otra cosa, perfeccionar la gestión de las personas e incluso llegar a comprender que emprender no es la vocación. Sobre este punto, recomiendo googlear y leer con tiempo el excelente análisis post mórtem de @sonar, realizado por su fundador Brett Martin.

Fortalecer el ego
En identificar y superar el fracaso, ciertas variables intrínsecas de la persona son decisivas como es el caso del ego. Por esto, rechazo el ataque recurrente y a mansalva hacia el término.

A modo de ejemplo: “dejá tu ego fuera de esta empresa” es una expresión poco feliz y utilizada con frecuencia. A mi entender, esta posición puede nutrirse de un paradigma filosófico-religioso oriental malentendido, el cual en su propuesta original propone alcanzar un estado o verdad ontológica superior (como el de nirvana) donde el ego se purifica e incluso desaparece, debiendo ser así porque es fuente de perturbación en el ser y arrastra a pasiones terrenales que distraen.

Quizás en el espíritu de aquel tipo de frase pueda estar también una crítica hacia la versión coloquial de “ego”, entendida como un exceso de autoestima que genera distorsión vincular, productiva y malestar psíquico.

Es curioso como aquellos que insisten por quitar al ego de la ecuación, o para emprender o para trabajar en forma dependiente, se sirvieron y sirven del suyo propio para sacar adelante sus negocios, construir su patrimonio y también superar el fracaso. ¡Trabajemos y abracemos nuestro ego!

Los de afuera son de palo
Se dice que la sociedad uruguaya condena al fracaso. Quizás sea así. La presión social es un factor siempre contextual que puede llegar a obstaculizar o estimular los procesos de aprendizajes personalísimos.

Yo fracasé en varios negocios, sé que no estoy inmunizado y créanme que las miradas inquisidoras existen.

Aquí estoy. En un ambiente hostil, clarificar medios y fines, rodearse de gente que aporte valor neto, poner el foco en el éxito y no en evitar el fracaso, ejercitar el autoconocimiento y fortalecer el ego, pueden ayudar a superar con mayor facilidad la amenaza de parálisis, manteniendo a raya al cáncer de la inmovilidad. Parafraseando al creador de Guernica, bienvenido sea el fracaso una y otra vez siempre que nos encuentre haciendo.


*Sergio Delgado. Emprendedor. Docente e Investigador en Universidad Católica. co-Fundador y Director Ejecutivo fundación daVinci.uy




Fuente: elobservador.com.uy

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