jueves, 10 de abril de 2014

De amistad universitaria a negocios exitosos



Crecen la cantidad de negocios cuyos responsables compartieron aula; dos emprendimientos de la vecina orilla cuentan cómo fue su experiencia de transformar su relación de amistad en negocio y cuáles son sus expectativas.

Bill Hewlett y Dave Packard se conocieron en la Universidad de Stanford en los años 30. Juntos construyeron un instrumento de prueba electrónico, usado por los ingenieros de sonido, denominado oscilador de audio. Uno de sus primeros clientes fue Walt Disney. Ese fue el primer paso de Hewlett-Packard, hoy, HP, fabricante de hardware. Bill Gates y Paul Allen eran estudiantes de Harvard cuando sentaron las bases de Microsoft. Y Steve Jobs conoció a su socio en Apple, Steve Wozniak, a través de su compañero de cuarto en la universidad, Bill Fernández.

En Argentina, el ámbito académico también puede ser terreno fértil para generar proyectos. “Es notorio el crecimiento de este tipo de sociedades en las aulas que luego llevan a la práctica un emprendimiento fuera del campus”, sostiene Silvia de Torres Carbonell, directora del Entrepreneurship Center IAE Business School.

La universidad, por caso, se convierte en el lugar propicio para dar con el socio ideal.
En ello coincide Sergio Postigo, director del Centro de Emprendedores de la Universidad de San Andrés (Udesa), donde 23% de los graduados son emprendedores y, a su vez, 15% de los mismos, tiene como socios en su proyecto a otro graduado de la institución.
Para el especialista, en la última década la fundación de empresas a partir de sociedades nacidas en las aulas creció más de 13%.

“Es muy importante este tipo de vínculo, como los que se dan en nuestro programa, porque en ese proceso pueden conocer los valores de su potencial socio”, agrega De Torres Carbonell.

Tomás Ramos Mejía es licenciado en Administración de Empresas por la Universidad de Buenos Aires. Su amigo de la infancia, Martín Eliçagaray, lo acompañó en la carrera menos de un año. Luego, probó suerte en Marketing y Publicidad en La Fundación y UCES, pero no terminó ninguna. Ambos admiten que su paso por la universidad es útil en su negocio.
Hoy, son socios de Simple Solutions, una herramienta de comunicación para consorcios de barrios privados, condominios y torres, con cinco años de trayectoria.

“La formación universitaria fue importante para entender que hay muchas variables que afectan un negocio”, explica Ramos Mejía. “La UBA me dio la amplitud para saber que, si quiero tener un negocio, tengo que saber cómo se produce, cuáles son las condiciones legales e impositivas en el país, y así cubrir una visión de todas las áreas”, agrega.
Hoy, trabajan con 300 consorcios y 21 mil usuarios. Cerca del 20% son barrios cerrados y el resto, edificios en Capital Federal, Buenos Aires, Córdoba y Rosario.

Para Postigo, quienes emprenden sin hacer un paso previo por la universidad tienen deficiencias en los estudios de mercado, no pueden cuantificar en calidad o cantidad las posibilidades de negocios, carecen de una nutrida red de contactos, no suelen dimensionar correctamente los costos de inicio y pueden tener problemas en las cuestiones societarias y legales.

“Uno de los beneficios del paso académico es acortar los tiempos de reacción a la hora de tomar decisiones vinculadas a la empresa”, agrega Eliçagaray.

La socia ideal

Para Ludmila Marcote, el mayor provecho de su paso por UADE fue encontrar a la socia ideal, Ana Lucía Rebagliati. Compartieron cuatro años de cursos para recibirse de licenciadas en Relaciones Institucionales. Después de cinco años en relación de dependencia, volvieron a encontrarse y surgió En Compañía, una empresa de servicios orientada a mayores de 60 años.

“La primera política de comunicación fue repartir folletos, cuando apareció la gripe A. Nadie quería agarrarlos y solo asistieron dos personas”, recuerda Marcote, que a partir de este año se hace cargo a pleno del proyecto.

“Luego, repartimos folletos en un área específica de Recoleta, preguntando, edificio por edificio, la cantidad de ancianos que allí vivían. En el segundo encuentro, reunimos a cinco personas”, agrega.

Hoy, En Compañía opera 11 centros con 4.000 personas, que asisten semanalmente a las propuestas de la firma.

“El año pasado sumamos una agencia de viajes para el mismo target y espero duplicar la cantidad de asistentes este año”, cuenta la emprendedora, que no se anima a arriesgar una facturación, pero admite que en febrero sus ingresos se multiplicaron por siete, respecto aigual mes del año anterior.

La carrera de Relaciones Institucionales no fue determinante para terminar encarando el proyecto.

Pero para Marcote, el área de Marketing fue lo más útil a la hora de utilizar distintas estrategias. “También hice un posgrado de Marketing en la Universidad Católica Argentina (UCA) y allí noté cómo te inculcan desde los beneficios de ser emprendedor. Eso despertó mi interés de generar algo propio”, agrega.

Las emprendedoras siguen en contacto con UADE. Participan de programas y la universidad les facilita el uso de las instalaciones. (Apertura de El Cronista)

Fuente: elobservador.com.uy

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