jueves, 15 de mayo de 2014

El ingenioso hidalgo tabacalero de ¿Austria?



Si es cierto el adagio que dice, “errar es humano, pero fumar cigarros es divino”, se puede decir que Günther Schichl es un sacerdote de la religión del tabaco. El austriaco de 39 años llegó a la República Dominicana para empezar un negocio de cigarros hechos a máquina para exportarlos a Europa.

En el camino conoció a Jorge Carbonell, maestro tabacalero plenipotenciario con más de cien años de tradición familiar desde la siembra de la semilla hasta el tiro final de un cigarro. Todo cambió. Ese momento marcó la iniciación espiritual de Schichl en el arte y ciencia del tabaco.

Junto a Carbonell, el maestro y el aprendiz han creado un cigarro con la idiosincrasia criolla de una verdadera leyenda patriótica. Su nombre: el Duarte Recuerdo Auténtico. Schichl, ingeniero químico y ebanista de profesión, un día se paró de la cama y dijo: “Es hora de dedicarme a mi pasión.” Su hobby era fumar tabacos, y le llamó la atención el comercio del tabaco en Europa. Decidió vender su compañía de ebanistería y partir hacia la República Dominicana, cuna del antiguo arte taíno del uso de la planta Nicotiana, quemada y empleada por los indígenas en ritos religiosos y como panacea médica. En realidad, tabaco era el nombre dado por los taínos a la pipa que usaban para fumar, y no el de las hojas de la planta que ahora llevan ese nombre.

La industrialización del tabaco ha llevado a su producción masiva y automatizada, cada vez buscando reducir más los costos y alargar la vida del producto. Más del 60% de todo el tabaco de exportación desde la República Dominicana cae bajo esta categoría: tabaco triturado y preparado a máquina. Sin embargo, el restante 40% mantiene vívido una verdadera cultura del tabaco como pasatiempo fino, lujoso y hasta espiritual. Sus fanáticos son parecidos a los catadores del vino: viven por la distincción de calidad, la región de su cultivo y la gran variedad de sabores y aromas.

La tripa constituye el núcleo del cigarro y se elabora sólo con hojas largas, para preservar el mismo sabor en todo el puro y producir una ceniza consistente. El capote es la primera capa que cubre la tripa. En un puro de calidad, es una hoja especial que posee la resistencia adecuada para envolver el manojo de hojas. Finalmente está la capa, la cual influye tanto en el sabor del puro como en su presentación. “En Europa los fumadores de cigarros clasifican dos tipos de tabaco: Los Habanos [provenientes de Cuba], y después está todo el resto,” dijo Schichl, recontando los antecedentes a su llegada a República Dominicana. Schichl estaba interesado en un formato de tabaco muy específico, comercializado en Austria, Alemania y el sur de Suiza, hecho popular gracias al hábito de fumarlos del Kaiser Franz Joseph, Emperador de Austria y Rey de Hungría de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. “Yo llegué pensando en hacer cigarros que se vendían mucho, nada especial. Hasta que conocí a Jorge,” confesó Schichl.

Jorge Carbonell es el patriarca de 73 años que lleva la tabacalera Carbonell, fundada por su padre en 1894. En ese año Jorge, Padre, se trasladó a Villa González luego de trabajar en una casa comercial de telas en Santiago. Había aprendido sobre el tabaco mientras hacía servicio militar para el ejercito español, como miembro de la caballeriza oficial en La Habana, Cuba. Oriundo de Palma de Mallorca, Carbonell provenía de una familia dedicada al cultivo de aceite de oliva. La sapiencia de agricultor corría en sus venas mucho antes de conocer el arte del tabaco.

Los Carbonell han estado dedicados al refinamiento del tabaco por más de un siglo. Sus cigarros, los Flor de Carbonell, son reconocidos a nivel mundial como un puro de alta calidad, dulce y ligero. Por tradición, los Flor de Carbonell son hechos en su totalidad con tabaco dominicano. Como dice el logo de los Flor de Carbonell, ilustrado con la foto del ancestro fundador, “Este es tabaco virgen”. Al preguntarle sobre el origen del nombre Flor para sus cigarros, Jorge Carbonell sonríe y dice: “Solo el amor, la leche materna y la miel son tan puros como el tabaco Carbonell.” Se refiere a que su tabaco no ha sufrido cruces
con otras semillas— conserva los rasgos morfológicos y organolépticos de su origen y su región. El proceso completo es sumamente orgánico. “Aquí esperamos el momento ideal para la cosecha, tomamos en cuenta hasta el nivel de la marea y la fase lunar para saber cuándo cosechar,” continúa Carbonell.
“Antes de conocer a Jorge,” continúa Schichl, acentuando sus orígenes europeos en su español machacado, “no conocía la diferencia entre una hoja [de tabaco] cubana y una dominicana. Ahora solo fumo dominicanos, y qué tremenda diferencia.” Es aquí, precisamente, con el cultivo de los Carbonell, donde Schichl encontró su leyenda.

Su interés cambió de la producción industrial del tabaco a la elaboración exquisita y esmerada de una obra de arte. No entendía por qué en Europa se desconocía la grandeza del tabaco dominicano. Su misión entonces se convirtió en hacer llegar esa distinción al viejo continente— que reconocieran en alto la calidad del tabaco dominicano. El naturista Schichl quiso encontrar una hoja pura y casta, de origen quisqueyano, sin injertos genéticos ni químicos aditivos.

“Buscaba la hoja del tabaco dominicano, la que fumaban los indios antes de que la ciencia la hiciera otra,” exclama Schichl, con una sonrisa cómplice de aventurero en busca del santo grial. “Cuando empezamos esta sociedad, Günther y yo, me dije, ‘este hombre va a aprender mucho’,” confiesa Carbonell, con
el entusiasmo de un profesor ilustre recién conociendo al aprendiz en quien cobrará vida su tradición. Juntos formaron la Tabacalera Altagracia en 2007.

La historia de Günther es de aventura y afición por el tabaco. Tras asumir la entrega y el compromiso a su pasatiempo, desarrolló un paladar fino de catador tabacalero. Quiso extirparle todo indicio de ciencia ufana al cultivo del tabaco, para romper con la erudición y llegar al génesis, colmada únicamente de los ingredientes provenientes de la naturaleza. Un sabor único y sublime dominicano.

Hace 2 años Schichl y Carbonell sacaron la primera línea del tabaco Duarte: el Recuerdo Auténtico. Con hojas curadas entre cuatro y doce años, capa marrón oscura tostada marcada por venas elegantes y pronunciadas, el Duarte irradia un aroma salpicado por matices de cedro edulcorado. Las primeras aspiraciones exhalan sabores especiados con gran equilibrio, con notas ligeramente dulces de almendra y chocolate. Un tiraje parejo y refrescante. El verdadero fumador ama la evolución del tabaco. Tiro a tiro, va asociando el sabor con los sabores que conoce la mente. El Duarte pasa de la madera al café, con un dulce
natural como la miel.

El Duarte Recuerdo Auténtico viene en seis formatos: Robusto, Torpedo, Toro, Figurado, Corona Gorda, y Corona. Al preguntarle si habrá otras líneas de los Duartes además del Recuerdo Auténtico, Schichl sonríe y asegura : “Esto es solo el principio…”. Duarte: la tierra que te cultivó es tierra bendita de tus ancestros patrióticos. El tabaco se viste hoy de patria, fruto de un matrimonio entre la tradición de los Carbonell y un soñador austriaco con el corazón de Quijote y la capa de tabaco.

Fuente: revistamercado.do

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