jueves, 2 de octubre de 2014

Con supersueldos y aun así en la ruina



Para algunos, ganar un salario generoso puede hacer realidad muchos sueños, pero no elimina el riesgo de vivir más allá de sus posibilidades.

Profesionales exitosos suelen recibir cada mes dinero suficiente para pagar lujos diarios y mimarse con artículos caros, desde autos nuevos y cenas elegantes hasta vacaciones en lugares exóticos.

Algunas personas que ganan mucho dinero terminan teniendo un estilo de vida que apenas pueden costear, ahorrando poco o nada para la jubilación y viviendo al día. En casos extremos, incluso se quedan sin dinero antes de fin de mes, en particular si pierden el empleo o enfrentan gastos imprevistos.

"Alguna gente que no se imaginaría está al borde de la quiebra", afirma Charles Bullock, abogado especializado en bancarrotas del estado de Michigan, Estados Unidos, y quien ha trabajado con colegas, médicos y ejecutivos corporativos, algunos de los cuales debieron buscar ayuda luego de apenas tres meses sin empleo.

No hay datos detallados sobre los gastos en exceso que realizan los adinerados, señalan los expertos. Pero Bullock dice que en los últimos seis meses ha observado un repunte en las declaraciones de bancarrota personal entre los que tienen buenos ingresos.

Sylvia Flores ganaba más de US$200.000 al año supervisando contenido web para minoristas y firmas de tecnología cuando se metió en problemas. Tenía un chef personal, así como un ama de llaves, y a menudo llevaba a su esposo y su dos hijos de vacaciones a Hawái.

"Gastaba mucho más de lo que ganaba, pero no pensaba en eso porque mis ingresos estaban bien. Sentía que tenía derecho", dice Flores, de 40 años, residente de Oceanside, California.

Hace unos tres años, luego de divorciarse y volver a casarse, había acumulado una deuda de US$300.000 en tarjetas de crédito cuando decidió poner en orden sus finanzas. No fue su primer problema de endeudamiento: En 2005, Flores se había declarado en bancarrota luego de acumular unos US$500.000 en cuentas por pagar.

El primer paso fue controlar sus gastos, a menudo el cambio más difícil e importante. Comenzó a preparar sus propias comidas, se mudó a un condominio más barato, redujo las vacaciones costosas y empezó a comprar ropa en tiendas de segunda mano.

Flores también encontró formas de alentarse a sí misma a ahorrar. Se autorrecompensaba —por ejemplo, con un café costoso en un local del vecindario— cada vez que pagaba la cuenta mensual de su tarjeta de crédito y se deshacía de una porción de su deuda acumulada. Ahora, debe unos US$40.000 en su tarjeta y ahorró otros US$40.000 para la jubilación.

Hay otras estrategias útiles. Documente sus ingresos y sus gastos necesarios, afirman expertos, para tener una noción clara de qué ingresos le quedan disponibles. Si necesita reducir su gasto discrecional, no elimine necesariamente todo lo que le gusta: intente ser estratégico, dándose gustos precisos para balancear el ajuste general.

¿Cómo es posible que una familia de altos ingresos gaste más de lo que gana? Por ejemplo, una pareja hipotética con dos hijos adolescentes que vive en Chicago y gana US$400.000 al año podría terminar con las cuentas en rojo. Los números crecen con rapidez cuando se suman impuestos, hipoteca, ahorro para la jubilación y la universidad de los hijos, auto, mantenimiento de la casa, servicios públicos, cable y teléfono, supermercado, vacaciones, equipos deportivos, donaciones, etc. De golpe, los gastos superan los ingresos.

Claramente, las parejas en situaciones así pueden reducir gastos. El problema es que quienes gastan de más suelen intentar satisfacer necesidades tanto materiales como emocionales.

Karol Ward, una psicoterapeuta de Nueva York que ayuda a sus clientes a intentar controlar los gastos, afirma que algunas personas gastan de más para encajar con sus pares o en un círculo social al que aspiran a pertenecer. Un cliente pagaba las cuentas del restaurante de sus amigos y socios porque lo hacía sentir importante.

"Se trababa más de su baja autoestima que de generosidad", asegura.

Para quienes ganan mucho y tienen trabajos exigentes, los gastos grandes también pueden ayudar a justificar la cantidad de horas trabajadas y compensar el tiempo que pasan lejos de amigos y familia.

Robert Bell Platt, quien trabajaba como abogado de patentes en Washington, se dio cuenta hace una década de que, junto a su pareja Mark See, vivían más allá de sus posibilidades. Tenían seis autos de lujo, dos lanchas, una casa principal y dos casas de vacaciones. Salían a comer a restaurantes costosos, compraban comida gourmet y tenían los electrónicos más recientes.

Bell, ahora de 55 años, se ponía cada vez más ansioso. "Pensaba: 'Esto podría derrumbarse en un minuto'", dice. "Gastábamos demasiado y no teníamos nada ahorrado para la jubilación".

A veces, los que gastan de más necesitan un motivo para volver a la senda de la estabilidad financiera.

Para Bell, fue el temor de terminar como colegas que fueron despedidos después de los 50 años y terminaron en bancarrota.

Así que Bell y su pareja hicieron grandes cambios. Vendieron dos de sus casas y cuatro de sus autos. Empezaron a comer en casa más a menudo y cancelaron la televisión por cable. Con estas medidas lograron ahorrar US$1,7 millones para la jubilación.

Flores tuvo una revelación similar. Uno de sus trabajos requirió que viajara por EE.UU. para rodar un documental sobre los problemas financieros de los jubilados. Conoció a inversionistas que alguna vez tuvieron ingresos muy buenos y estaban arruinados. "Me di cuenta que iba por ese camino", señala.

La gente tiende a gastar más a medida que gana más, dice Katie Nixon, directora general de inversión para gestión de activos de Northern Trust, con sede en Chicago. Así que considere ahorrar sus bonificaciones y elevar sus contribuciones a su fondo de pensiones. Y evalúe sobriamente su capacidad de ingresos futuros.

Use estrategias realistas para cambiar su estilo de vida, como elegir qué gustos darse. Si para usted es importante viajar y cenar por afuera, recorte otras áreas, aconsejan los expertos. Implementar los cambios de forma gradual y ajustar su plan financiero periódicamente para mantener el buen rumbo facilitará el proceso y lo hará más sostenible, agregan los especialistas

Fuente: Wall Street Journal

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